La cultura es indestructible

Lunes, 21 noviembre 2016 0

La mejor política cultural es no tener ninguna. Defender a nuestra cultura. Siempre se considera la cultura como algo débil, como algo frágil, como algo raquítico que necesita ser custodiado, protegido, promovido y subvencionado. La cultura es indestructible, capaz de sobrevivir a las peores hecatombes. Hubo una tribu salvaje en África en cuyo lenguaje no existía la palabra libertad. ¿Saben por qué? Porque eran libres. Creo que la palabra cultura siempre sale de la boca de la gente más ignorante, más estúpida, más peligrosa. Yo personalmente no la uso nunca.

–EL CIUDADANO ILUSTRE. Dirección: Mariano Cohn y Gastón Duprat
(2014)

Thoreau o cómo vivir deliberadamente

Jueves, 13 octubre 2016 3

Me volví trascendentalista en un vuelo de Iberia Express rumbo a Milán. Abrí los ojos y me dije: yo, y la señora de al lado, la azafata que le sirve el té, el carrito de las bebidas, el piloto, el avión en el que nos movemos, el aire que nos sostiene, el planeta que sobrevolamos y todo lo que conforma el universo, conocido y por conocer, somos todos la misma cosa y todo a la vez. Y en mi alma reside todo ello.

Lo que acabó por dar forma a aquel sentimiento han sido determinadas lecturas que he estado realizando durante los últimos años y que me han ido conduciendo una a la otra, como las casillas de parchís, hasta un autor que desconocía: Thoreau. Mi amigo Luke Darracott, al que estoy seguro que le encantará Walden cuando lo lea, me dice que Thoreau se pronuncia algo así como /zórou/ y no /turó/ como ya he oído a alguien por ahí decir.

Henry David Thoreau fue un escritor estadounidense que vivió en el siglo XIX, aunque es injusto describirlo únicamente así ya que también fue filósofo, abolicionista, naturalista, poeta, crítico al desarrollo, insumiso fiscal, agrimensor e historiador. Es uno de los padres de ese movimiento político y filosófico, que junto a Emerson y Whitman vino a denominarse trascendentalismo. Hay quien lo denomina específicamente trascendentalismo americano para diferenciarlo de otras ramas diferentes de pensamiento.

En 1845 Thoreau abandonó su casa de Concord, Massachusetts, y se marchó al lago Walden junto al que construyó una cabaña. Allí pasó dos años jugando a la vida, porque Thoreau es un hombre empeñado en vivir deliberadamente. Como él mismo dice, enfrentarse solo a los hechos esenciales de la vida y ver si puede aprender lo que ésta tiene que enseñarle, para que cuando esté por morir no descubra entonces que no ha vivido. Thoreau no quiere vivir nada que no sea la propia vida.

Me atrae de él que pensaba que la soledad no es algo malo, todo lo contrario, es incluso saludable. Thoreau pensaba que la compañía, incluso la mejor de todas, se hace pronto cansina y nociva. Quería estar solo. Estando solo era él. Nunca encontró un compañero que le acompañase mejor que la soledad. Normalmente, decía, estamos más solos cuando nos reunimos con los demás que cuando permanecemos en casa. Y es que hasta la naturaleza florece en soledad, lejos de las ciudades, la naturaleza no nos necesita.

No le faltaba razón. Por lo general, la compañía suele ser de mala calidad. Nos reunimos demasiado a menudo, sin tiempo de adquirir ningún valor nuevo para nosotros o que aportar a los demás. El hombre crece y se hace fuerte en soledad, y solo entonces merece la pena que comparta con los demás sus dones. Un hombre que piensa o trabaja está siempre solo. No se trata de distanciarse de la sociedad, Thoreau no era un ermitaño, la soledad no se mide por kilómetros. Aprendamos a estar solos.

Gracias a Thoreau he comenzado a despertarme con el sol, ese manantial de energía, a apreciar las mañanas. No pierdas el tiempo matutino. Me ha enseñado a valorar la sinceridad, la verdad, la sencillez, la fe y la inocencia. Thoreau aprendió a sembrar y cultivar esas virtudes en el tiempo que habitó en su pequeña cabaña junto al lago Walden. “Walden, ¿eres tú?”, le preguntaba en su sereno diálogo interior. Thoreau se encontró a sí mismo junto a aquellas aguas.

Aborrecía el viejo a los que idolatraban el dinero. Se resistía a creer que todo tuviera un precio. Pero sus palabras cayeron en saco roto. Nadie en los Estados Unidos parece haber aprendido nada de alguien que profetizó el más salvaje de los capitalismos. Nada crece en las granjas de los que solo piensan en dinero: sus campos no dan cosecha, sus praderas no dan flores, sus árboles no dan frutos, sólo dólares. Hablaba de hombres capaces de trocear el paisaje y venderlo en los mercados. Vender a Dios si fuera necesario.

De él he aprendido que lo que realmente se endurece con el tiempo son los tópicos, que el ingenio es la pólvora del alma, pero que para la mayoría de los hombres el ingenio es algo extraño. Y es que Thoreau a veces era positivamente negativo y otras negativamente positivo. Escribía para personas descontentas con la vida, pero que albergaban esperanzas de mejorarla. Escribía para ricos en apariencia, pero que no habían hecho más que acumular cosas inútiles.

Con Thoreau se aprende a valorar la naturaleza, a querer huir de las ciudades, ciudades construidas unas encima de otras, cuyos materiales son ruinas, cuyos jardines son cementerios. Ciudades de suelo pelado y maldito. Él buscaba un mundo alejado de ellas, un mundo infinito y puro como la profunda laguna de Walden. Y es que amaba su querida América, admiraba sus cielos infinitamente más altos, más azules; el aire, más puro; el frío, más intenso; la luna, más grande; las estrellas, más brillantes; el trueno, más sonoro; el relámpago, más vivo; el viento, más potente; la lluvia, más fuerte; las montañas, más elevadas; los ríos, más largos; los bosques, mayores; las llanuras, más extensas. Su América.

Leer a Thoreau es algo natural, en sus páginas hallo algo inesperado, bello, perfecto. Percibo al genio, se hace visible. Es su pensamiento salvaje lo que me atrae. El animal salvaje es más hermoso que el doméstico.

Ahora que he aprendido a pronunciar su nombre, recuerdo una anécdota que leí en sus páginas. Contaba Thoreau que los indios americanos no recibían sus nombres desde el principio, sino que cada uno debía ganárselo y que el nombre era su fama. ¿Nos hemos ganado nuestro nombre y nuestra fama? ¿O simplemente lo paseamos por comodidad? Gánate el nombre y la fama.

El viejo maestro lo hizo.

Los primeros pasos de «Finding Little Italy»

Buenas noticias. «Finding Little Italy» comienza su andadura por las televisiones y lo hace a lo grande en países como Canadá, España o Italia, o tan remotos como Filipinas (¡!). Y más países están por venir. Creímos en un proyecto y ya es una realidad que se consume en todo el mundo. Cuando hace un par de años nos poníamos a garabatear en un papel lo que pensábamos era una buena idea para un programa de televisión, llenándola de contenido y dándole forma, no imaginábamos que acabaría viéndose por todo el planeta… así nació nuestro programa. Queríamos redescubrir Italia, destino turístico por excelencia, pero lejos de los tópicos turísticos, lejos de los flashes de las cámaras de fotos, autobuses, chanclas y riñoneras que han plagado las grandes urbes italianas como Roma, Florencia o Venecia. La verdadera Italia ya no está ahí, está un poco más escondida, como protegiéndose de toda esa invasión despiadada de turistas. Decidimos salir a buscarla: ese es nuestro programa.

El camino que hemos andado es largo: desde que hicimos el piloto a finales de 2013 hasta poder escribir estas líneas va un proceso que exige mucha constancia, paciencia y esfuerzo. Un rodaje complicado, especialmente por el mal tiempo que nos acompañó durante muchos días, pero que no pudo con nuestras ganas y buen humor, y unos niveles de calidad altísimos que nos habíamos autoimpuesto y que nos dieron más de un quebradero de cabeza. No fue hasta 2015 cuando realmente nos pusimos a producir la serie de forma definitiva, cuando ya habíamos contado con el apoyo de una gran distribuidora como Off the fence y de algunas marcas como Moleskine que respaldaban y avalaban nuestro proyecto. Ahora el resultado habla por sí mismo: una gozada de imágenes, espectaculares de verdad, y un contenido de calidad, rico, divertido, entretenido, presentado por Luke Darracott, que ama lo que hace y eso se percibe en cada plano, en cada lugar que descubre, en cada episodio.

Lo escuché una vez sobre el cine, pero creo que se puede hacer extensible a cualquier tipo de expresión audiovisual: producir es como tratar de escribir una novela con un lápiz que pesa una tonelada. No se puede hacer en solitario, necesitas un equipo, y rodearte de los mejores es siempre la mayor seguridad de que llegarás al final cumpliendo los objetivos, conseguir que aquellos garabatos en un papel se acaben convirtiendo en el programa de televisión que habías soñado.

Larga vida a «Finding Little Italy». Iremos informando de los nuevos territorios donde se siga distribuyendo la serie. Pronto echaremos a andar otra vez rodando nuevos episodios. ¿Qué nuevas aventuras nos esperan en el sur de la vieja Italia?

Ya disponible «El regreso de Elías Urquijo»

Desde hace unos días ya está disponible para su visionado online nuestra película «El regreso de Elías Urquijo» o «The return of Elias Urquijo», como se llama en su título original. Hemos escogido la plataforma Vimeo para que nuestra pequeña criatura dé sus primeros pasos por la red. Vimeo te permite el visionado online, en streaming, con descarga y en cualquier tipo de dispositivo: ordenadores, dispositivos móviles (Android/iOS/Windows), televisiones (Apple TV/Roku/Google TV/Xbox Live), y la mayoría de plataformas de televisión inteligente (Samsung/Panasonic/Phillips).

Para ver la película pulsa aquí.

Y si no conoces la película, esto dijo de ella en su día el Festival de Islantilla:

Una coproducción hispano francesa. Bajo el sello de Cuarto Creciente Producciones nos dejamos llevar por la dirección y el guión de Roque Madrid y la muy inquietante historia que nos propone. Una vieja y solitaria casa junto al Mediterráneo, una joven pareja y un enimágtico escritor de cuentos infantiles Elías Urquijo, el mejor amigo de él y una peligrosa tentación para ella. Apoyado casi en su totalidad por tres actores con magia: Coralie Audret, Xavier Laffite y Pierre Kiwitt. Narrada con una maravillosa banda sonora de fondo, obra de gran calidad de Jay Vicent. Su música es gran parte del alma de esta película. El austero decorado también contribuye al climax de suspense que la cinta necesita. Y la fotografía hace el resto. Todo perfectamente orquestado por Roque Madrid. Emociones, suspense, algún que otro alarido de terror y por supuesto mucho amor como motor principal de la historia. Una película hecha para emocionar y quedarse dentro del espectador.

No hallarás la vida eterna

Domingo, 20 marzo 2016 0

¿Por qué andas vagando por ahí, Gilgamesh? Jamás hallarás la vida eterna que buscas. Cuando los dioses crearon a los humanos, crearon también la muerte y reservaron la vida eterna sólo para ellos.  Los hombres nacen, viven y después mueren, ése es el orden que han decretado los dioses. Mas, hasta que llegue ese final, goza de la vida, pásala feliz, no desesperes. Saborea tu alimento, haz de cada uno de tus días un placer, báñate y unge tu cuerpo de aceite, viste brillantes vestidos de deslumbrante limpieza, que la música y la danza inunden tu hogar, ama al niño que te coge la mano y que tu esposa goces siempre en tu abrazo. Tal es la mejor forma que tiene un hombre de vivir.

–Gilgamesh : versión de Stephen Mitchell. Alianza Editorial (2014)

Todo un mundo

Domingo, 29 noviembre 2015 1

Hay personas que no son simplemente personas, sino que son un lugar, todo un mundo. A veces encuentras a alguien donde podrías pasar el resto de tu vida.

–Moran, Caitlin. Cómo se hace una chica. 2015, Editorial Anagrama, Barcelona.