Atención. Si no has visto Avatar es posible que el texto que vas a leer a continuación te desvele, directa o indirectamente, algunos detalles del argumento que, tal vez, prefieras no conocer hasta ver la película. Advertido quedas, si traspasas este punto.

Aquí va una pequeña reflexión sobre Avatar antes de la entrega de los Oscars, para que, pase lo que pase, nadie pueda decir que me influyeron los premios, muchos o pocos, no sé, que le pudieron caer. Y es que tanto se ha dicho y redicho de esta película, que no me quedaban ganas de escribir sobre lo que seguramente ya estaréis cansados de leer, y no me he atrevido a hacerlo hasta que he encontrado algo interesante que decir.
Avatar no sería nada sin el espectáculo audiovisual que le acompaña: ¡y qué espectáculo! ¡Menuda experiencia 3D! ¡2D! ¡Como quiera que la veas! Casi todos están de acuerdo en definirla como el gran acontecimiento cinematográfico del año, la revolución del cine, y no sé cuántas otras cosas más. De acuerdo con todas ellas, pero hay algo que no me invita a unirme a ese delirio colectivo pro-Pandora.

Cuando la vi, uno o dos días después del estreno, si bien había quedado tan maravillado con el mundo parece-que-estoy-bajo-el-mar de Cameron como me habían advertido, algo me decía que toda esa tecnología, que toda esa inversión en efectos especiales revolucionarios algún día acabaría siendo superada, del mismo modo que, siempre, desde que el cine es cine, un nuevo efecto especial ha superado al anterior en calidad, realismo o, simplemente, costes de producción. Haced el ejercicio de ver Titanic ahora: menudas sorpresas os llevaréis cuando veáis de nuevo los planos del barco navegando a plena luz del día.
¿Y qué quedará, entonces, cuando los efectos especiales de Avatar sean superados? Pues una historia que ya ha sido contada muchas veces anteriormente, y que es una fórmula con la que Hollywood desde siempre se ha sentido muy cómodo. Es tentador trazar paralelismos entre la historia de Avatar y la de Pocahontas, o la de Bailando con lobos, seguro que se lo habéis oído decir a muchos. Y es que a los americanos les encanta este molde para tratar en la pantalla el tema del choque entre culturas o el racismo. Pero me asalta una duda: ¿no es una forma demasiado racista para tratar el tema del racismo?

A priori pensaréis, ¿racista Avatar? Pero si es un canto en 3D a la integración de un blanco en otra cultura, de la que aprende y se enriquece, y gracias a la cual acaba siendo mejor persona; pero si se trata de una alegoría de cómo el pueblo americano acabó con sus orígenes, masacrándolos, y condenándolos al olvido y a la marginación; pero si es un bello retrato de lo que hacen los ejércitos cuando invaden esos países que a todos nos quedan demasiado lejos…
Ajá, todo eso es cierto, pero recordemos lo que sucede en Avatar: el protagonista, Jake Sully, el blanco, se integra en la nueva cultura, no sólo para formar parte de ella, sino para dominarla y controlarla, lo consigue haciendo volar aquel dragón que sólo unos pocos elegidos han podido doblegar, porque se demuestra superior a los miembros de la tribu y, a la postre, merecedor de gobernarla. Y lo mismo sucede en Bailando con lobos, cuando Kevin Costner se acaba convirtiendo en el indio más guay a este lado del Mississippi. Conclusión: los mejores indios son los blancos cuando se vuelven indios.

Y ese pequeño tic me decepciona profundamente, desde el preciso instante en el que el argumento que se emplea para corregir la conducta no es más que la propia conducta con piel de cordero; como si nos pusiésemos a apagar un fuego con gasolina. Trato de hacer un esfuerzo para comprender estos ademanes imperialistas que, nos guste más o menos, corren por sus venas. Puede que me cueste trabajo por no haber vivido en una sociedad donde casi la mitad de la población es de una raza diferente. Es posible. ¡Y ojo! ¡Lo dice un amante de la cultura (sic) americana! Pero hay un factor que se escapa a mi entendimiento, y si algún lector me puede arrojar algo de luz sobre este tema le quedaré profundamente agradecido.
Sólo hay una cosa que tengo clara de Avatar, cristalina, y es que, visto lo visto, la historia que ha escogido Cameron es exactamente la historia que necesitaba esta película, muy a mi pesar, y, si no, podemos sacar los datos de la taquilla y discutirlo. Es broma.
-Roque.
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