Maravillas… en DVD

Un nuevo trabajo de la BBC que no quiero que se me escape, Wonders of the Solar System, o sea, Maravillas del sistema solar. Lo protagoniza el desaliñado y polifacético Brian Cox, físico nuclear, profesor de la Universidad de Manchester y miembro del grupo de pop británico D:Ream. Nuevamente, y a la vista del trailer, parece que la BBC nos tiene preparado algo espectacular. Según informa la propia cadena en su web, la serie estará a la venta a partir del 12 de abril. Así que esperaremos.

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Se acumulan varias adquisiciones de documentales de la BBC que quiero hacer en breve. A éste que he mencionado se uniría David Attenborough: Life, lo último del maestro en naturaleza, un trabajo que le ha llevado cuatro años de rodajes por todo el planeta, para la realización de estos diez episodios que tratan de mostrar la diversidad de la vida en la Tierra, fascinantes comportamientos animales y la lucha por la superviviencia. Todo, claro está, al más puro estilo BBC: que no falte de nada.

Por último, tengo mucho interés, para así completar mi colección de David Attenborough, en adquirir Life on Land, una enciclopedia natural en DVD, un extensísimo trabajo recogido en 15 DVDs, ni más ni menos. Hace veinte años, David Attenborough empezó a hacer una serie de programas para la BBC sobre los distintos grupos de organismos vivos que habitan en las tierras de nuestro planeta: aves y mamíferos, plantas e insectos, anfibios y reptiles. Estudió la historia de cada uno de esos grupos, desde su primera aparición en la Tierra, y estudió la multitud de formas diferentes en las que podemos encontrarlos hoy día. Todo un tesoro para los amantes del documental, como lo es un servidor.

En fin, enhorabuena a la BBC por seguir apostando por el mundo del documental y permitir que sigamos maravillándonos y aprendiendo sobre nuestro planeta y la vida que hay en él. Un trabajo encomiable, sin duda. Lástima que no pueda decir lo mismo de nuestra televisión pública.

-Roque.

Reflexión: ‘Avatar’

Atención. Si no has visto Avatar es posible que el texto que vas a leer a continuación te desvele, directa o indirectamente, algunos detalles del argumento que, tal vez, prefieras no conocer hasta ver la película. Advertido quedas, si traspasas este punto.

Aquí va una pequeña reflexión sobre Avatar antes de la entrega de los Oscars, para que, pase lo que pase, nadie pueda decir que me influyeron los premios, muchos o pocos, no sé, que le pudieron caer. Y es que tanto se ha dicho y redicho de esta película, que no me quedaban ganas de escribir sobre lo que seguramente ya estaréis cansados de leer, y no me he atrevido a hacerlo hasta que he encontrado algo interesante que decir.

Avatar no sería nada sin el espectáculo audiovisual que le acompaña: ¡y qué espectáculo! ¡Menuda experiencia 3D! ¡2D! ¡Como quiera que la veas! Casi todos están de acuerdo en definirla como el gran acontecimiento cinematográfico del año, la revolución del cine, y no sé cuántas otras cosas más. De acuerdo con todas ellas, pero hay algo que no me invita a unirme a ese delirio colectivo pro-Pandora.

Cuando la vi, uno o dos días después del estreno, si bien había quedado tan maravillado con el mundo parece-que-estoy-bajo-el-mar de Cameron como me habían advertido, algo me decía que toda esa tecnología, que toda esa inversión en efectos especiales revolucionarios algún día acabaría siendo superada, del mismo modo que, siempre, desde que el cine es cine, un nuevo efecto especial ha superado al anterior en calidad, realismo o, simplemente, costes de producción. Haced el ejercicio de ver Titanic ahora: menudas sorpresas os llevaréis cuando veáis de nuevo los planos del barco navegando a plena luz del día.

¿Y qué quedará, entonces, cuando los efectos especiales de Avatar sean superados? Pues una historia que ya ha sido contada muchas veces anteriormente, y que es una fórmula con la que Hollywood desde siempre se ha sentido muy cómodo. Es tentador trazar paralelismos entre la historia de Avatar y la de Pocahontas, o la de Bailando con lobos, seguro que se lo habéis oído decir a muchos. Y es que a los americanos les encanta este molde para tratar en la pantalla el tema del choque entre culturas o el racismo. Pero me asalta una duda: ¿no es una forma demasiado racista para tratar el tema del racismo?

A priori pensaréis, ¿racista Avatar? Pero si es un canto en 3D a la integración de un blanco en otra cultura, de la que aprende y se enriquece, y gracias a la cual acaba siendo mejor persona; pero si se trata de una alegoría de cómo el pueblo americano acabó con sus orígenes, masacrándolos, y condenándolos al olvido y a la marginación; pero si es un bello retrato de lo que hacen los ejércitos cuando invaden esos países que a todos nos quedan demasiado lejos…

Ajá, todo eso es cierto, pero recordemos lo que sucede en Avatar: el protagonista, Jake Sully, el blanco, se integra en la nueva cultura, no sólo para formar parte de ella, sino para dominarla y controlarla, lo consigue haciendo volar aquel dragón que sólo unos pocos elegidos han podido doblegar, porque se demuestra superior a los miembros de la tribu y, a la postre, merecedor de gobernarla. Y lo mismo sucede en Bailando con lobos, cuando Kevin Costner se acaba convirtiendo en el indio más guay a este lado del Mississippi. Conclusión: los mejores indios son los blancos cuando se vuelven indios.

Y ese pequeño tic me decepciona profundamente, desde el preciso instante en el que el argumento que se emplea para corregir la conducta no es más que la propia conducta con piel de cordero; como si nos pusiésemos a apagar un fuego con gasolina. Trato de hacer un esfuerzo para comprender estos ademanes imperialistas que, nos guste más o menos, corren por sus venas. Puede que me cueste trabajo por no haber vivido en una sociedad donde casi la mitad de la población es de una raza diferente. Es posible. ¡Y ojo! ¡Lo dice un amante de la cultura (sic) americana! Pero hay un factor que se escapa a mi entendimiento, y si algún lector me puede arrojar algo de luz sobre este tema le quedaré profundamente agradecido.

Sólo hay una cosa que tengo clara de Avatar, cristalina, y es que, visto lo visto, la historia que ha escogido Cameron es exactamente la historia que necesitaba esta película, muy a mi pesar, y, si no, podemos sacar los datos de la taquilla y discutirlo. Es broma.

-Roque.

Reflexión: ‘Shutter Island’

Tener la oportunidad de ver una película de Martin Scorsese en el cine es comparable, saltando en el tiempo, a la que tuvieron otras generaciones al poder ver películas de Alfred Hitchcock o de John Ford en la gran pantalla. Es algo que no se puede dejar pasar, porque con Scorsese el buen cine siempre está garantizado. Y si a eso le sumamos que desde hace un tiempo se ha vinculado a él uno de los actores con más talento y más futuro de Hollywood, el gran DiCaprio, el cóctel no puede ser más sugerente.

Shutter Island no está siendo plato del gusto de todos, lo sé, muchos me lo advirtieron. Pero después de verla, puedo decir que se trata de una película notable, aunque difícil e incómoda, y creo que de ahí, lo impopular. Es posible que esta película de cine negro, como dictan los cánones, no llegue al corazón de la gente, pero es lo que tiene introducirse en una historia que viaja a lo más recóndito de la locura y la paranoia humana, una bella fotografía de la angustia y el miedo con la fuerza narrativa que tanto caracteriza a Scorsese. Un marco incomparable: una isla, un manicomio, un huracán.

DiCaprio, gigante, muestra su lado más explosivo.

Si alguna vez me has querido, haz el favor de callarte.

Le espeta a su mujer, encarnada por Michelle Williams, fantástica siempre. Y otro lujo para la mirada: Ben Kingsley, magnético, y Max Von Sydow, amen. Impagables. Eléctricas las escenas en las que andan juntos los tres caballeros.

Soberbia puesta en escena. Banda sonora de corta y pega, pero excelente selección musical, lista para oír en Spotify, especialmente interesante el tema This Bitter Earth / On the Nature of Daylight.

No niego que Shutter Island tenga sus defectos, que los tiene, pero creo, al mismo tiempo, que es una oportunidad brillante para adentrarnos en el gótico mundo de pesadilla de Martin Scorsese, una oportunidad que no habría que dejar escapar.

-Roque.

Ombligos

Tenemos que ser humildes, estar agradecidos y pedir perdón por haber fallado muchas veces. Nunca reconocemos nuestros errores. Nos miramos al ombligo, nos encanta nuestro ombligo. Tenemos pósters de nuestro ombligo en casa, cuadros de ombligos llenando nuestras paredes. Creemos que somos artistas, genios alternativos, creadores. Antes de todo eso, somos trabajadores. Nos pagan por hacer un trabajo, y hay que hacerlo bien. Este año ha sido uno de los mejores, pero el siguiente tiene que ser todavía mejor. Los primeros que tenemos que arrimar el hombro somos nosotros. Yo ruedo mañana, así que no me quedo a los canapés.

Discurso de Alex de la Iglesia, presidente de la Academia de Cine, durante los Premios Goya 2010