Categoría: cine

La mujer más maravillosa que existe

Jack Nicholson y Helen Hunt en Mejor... Imposible

Puede que yo sea la única persona sobre la faz de la tierra que sepa que eres la mujer más fantástica de la tierra. Puede que yo sea el único que aprecie lo asombrosa que eres en cada una de las cosas que haces y en cómo eres con Spencer… Spens, y en cada uno de los pensamientos que tienes y en cómo dices lo que quieres decir y en cómo casi siempre quieres decir algo que tiene que ver con ser sincero y bueno. Y creo que la mayoría de la gente se pierde eso de ti, y yo les observo preguntándome cómo pueden verte traerles su comida y limpiar sus mesas y no captar que acaban de conocer a la mujer más maravillosa que existe. Y el hecho de que yo sí lo capte me hace sentir bien conmigo mismo.

Mejor… imposible, escrita por Mark Andrus y James L. Brooks y
dirigida por James L. Brooks

1981: ‘Fuego en el cuerpo’

1981 es uno de esos años en los que la producción de cine, y del bueno, fue más alta de lo habitual. Hay innumerables títulos que ahora reposan en los libros de Historia del Cine que vieron la luz en este año. Ejemplo de ello es el inicio de la saga de Indiana Jones. Muchos os preguntaréis que cómo no he escogido En busca del arca perdida como película de este año, y la respuesta es bien sencilla: no fue la primera película que vi de Indiana Jones ya que apenas tenía 5 años. Tendría que esperar un poco más, hasta la llegada del segundo episodio de la saga, para descubrir al arqueólogo aventurero.

Harrison Ford en En busca del arca perdida

1981 fue también el año de la genial Das Boot, mi película claustrofóbica por excelencia y una de las mejores sobre la II Guerra Mundial, con una inolvidable banda sonora de Klaus Doldinger que, si no conoces, aún estás a tiempo de hacerlo en Spotify.

También fue el año de Carros de fuego, que nunca he conseguido ver del tirón porque siempre me quedo dormido en el minuto 10; el año de Furia de titanes y sus deliciosos efectos especiales, que hace poco volví a ver para encarar el remake; Arthur con Liza Minelli; Rojos, película harto complicada; Piraña 2, bochornosa opera prima de James Cameron, de teta y culo, que narra el delirante ataque de unas inteligentes pirañas marinas voladoras (sic); o El cartero siempre llama dos veces, ejemplo de película al rojo vivo, como la que nos trae aquí hoy.

Pero antes de entrar de lleno con Fuego en el Cuerpo, me gustaría hablar de dos importantes –para mí, claro– películas de este año. Por un lado, El ente, película que no he descubierto hasta hace relativamente poco y que me sorprendió porque, a pesar de tener todos los elementos del género de terror de la época, no ha pasado bien el tiempo por ella, como por Poltergeist, Al final de la escalera o El exorcista. Es un ejemplo de ese terror de finales de los 70, que ya no se hace, y que maneja los tiempos de manera sublime y juega con la psicología de la situación más que con la del hecho paranormal en sí; películas de fotografía sobria, decorados sobrios y movimientos de cámara sobrios.

Por otro lado, quiero mencionar El estanque dorado. Aquel año, Henry Fonda se despedía de nosotros con esta deliciosa película acompañado de alguien que ha dejado una huella indeleble en mí, Katherine Hepburn, la pelirroja de hierro, probablemente la mujer más notable de Hollywood. Esta película, de cuyo primer visionado tengo un recuerdo vago e impreciso, no pasó desapercibida ante mis ingenuos ojos: algo estaba pasando delante de mí, y ese algo era el milagro del cine.

Katherine Hepburn y Henry Fonda en El estanque Dorado

Pero sin lugar a dudas, la película de 1981 que más me influyó es Fuego en el cuerpo, de Lawrence Kasdan protagonizada por William Hurt, Kathleen Turner, Ted Danson y Mickey Rourke, entre otros.

¿Eras demasiado pequeño para Indiana Jones y no lo eras para Fuego en el cuerpo? Obviamente, no vi esta última hasta mucho tiempo después, hasta mi adolescencia, que es precisamente cuando el cine cala más hondo. Además, no están reñidas ambas películas: Lawrence Kasdan no sólo es el director de Fuego en el cuerpo, sino guionista de En busca del arca perdida.

Fuego en el cuerpo, Body Heat

Esta es la historia de un abogado de segunda, Ned Racine (William Hurt), que conoce en un bar del Sur de Florida, durante una calurosa noche de verano, a Matty Walker (Kathleen Turner), la sensualidad y el pecado hechos carne. Aunque ella está casada, eso no les impide iniciar un tórrido romance, que pronto se dará de bruces contra un molesto obstáculo: el marido, rico y celoso. Un acuerdo prenupcial garantiza que la única manera de que Matty reciba el dinero de Edmund es si él falleciese. Ned empieza a tramar un plan para conseguir eso mismo, sin sospechar que tal vez Matty no es lo que parece ser.

Kathleen Turner y William Hurt en Fuego en el cuerpo

¿Y qué tiene para haberme marcado tanto?

  • Pues para empezar, Kathleen Turner, ese icono femenino y salvaje de mi infancia, la Sofia Loren de mi generación. Porque la Turner salía en pantalla y comenzaba a subir la temperatura de la sala. Body Heat, Fuego en el cuerpo, fue su primera película, y no paró un instante en los sucesivos años: Tras el corazón verde, El honor de los Prizzi, Julia y Julia, El turista accidental o La guerra de los Rose, fueron títulos que no se escaparon a mi voraz sed de ella. Y cómo ardía la pantalla.
  • William Hurt, que representa perfectamente el papel de mal abogado, de anti-héroe, de hombre a medias, de pobre hombre, de cualquiera de nosotros, de tu vecino o de ése que pasa por ahí.
  • Con el cine negro me pasa como con el café: o es muy bueno o no me lo puedo tomar. Fuego en el cuerpo tiene todos los elementos del buen cine negro de los 40 o 50: la atmósfera, los decorados, el ambiente espeso casi irrespirable. Hubo un intento a finales de los 70 y principios de los 80 por recuperar ese cine en lo que los americanos denominaron neo noir: Chinatown o El cartero siempre llama dos veces son otros ejemplos. De hecho, si te gusta Perdición todo serán paralelismos: Ned, Matty y Oscar son Walter, Phyllis y Keyes, respectivamente. Pero voy más allá: si nunca has visto una película de cine negro, ésta bien podría ser la primera.
  • Dos elementos explosivos: el calor y el sexo, menuda combinación. Ambos forman parte de la médula espinal de la trama: combustión lenta. De ahí van cayendo en cascada, como gotas de sudor que resbalan por una espalda estremecida, la seducción, el crimen y la lujuria. Una realidad distorsionada por noches asfixiantes y pasiones sin control, una realidad que en las películas de los 50 sólo podíamos imaginar y que ahora tenemos la oportunidad de ver.
  • Y todo ello aglutinado por la música de John Barry, un inolvidable saxofón que quedará grabado en tu subconsciente para siempre.
  • Y unos diálogos para la Historia:

─ No deberías llevar esa ropa.
─ ¿Por qué? Sólo es una blusa y una falda.
─ Entonces no deberías llevar ese cuerpo.

Kathleen Turner en Fuego en el cuerpo

En definitiva, Kasdan trajo al color una sensibilidad que hasta el momento sólo había conocido el blanco y negro y consiguió forjar uno de los thrillers más significativos de los 80, y como ya os he dicho, una de las películas que más me influyó. Permitidme un consejo para estas calurosas noches de verano: apagad las luces de casa, abrid las ventanas y dejad que la brisa meza las cortinas. Servíos una bebida fría, poneos Fuego en el cuerpo, y dejaos llevar por el peligroso juego de la seducción de la mano de Kasdan, Turner y Hurt. Ya me contaréis.

¿Cuál fue tu película de 1981?

-Roque.

Reflexión: ‘Alicia en el país de las maravillas’

Alicia en el país de las maravillas, de Tim Burton

Mal llamada Alicia en el país de las maravillas.

Decepcionado. Esa es la palabra que mejor define el estado en el que acabé. Decepcionado y agotado, por esforzarme durante toda la película para que me gustase y no conseguirlo. Yo sólo quería ver una película sobre el libro de mi infancia, ¿era pedir demasiado?

Decepcionado, porque adoro a Tim Burton y se me escapan las oscuras razones que le han llevado a esta distorsión de la Alicia que habita en los libros y en el subconsciente del público: la trama está distorsionada, para lucimiento de Depp, y balbucea en un sentido y en otro sin definirse claramente en ningún momento, con una batalla final más propia de Dragones y Mazmorras que del libro de Carroll. Más que un homenaje al personaje, parece una venganza: Alicia queda vulgarmente eclipsada por un Sombrero Loco, humanizado, psicoanalizado y, a la postre, absurdo.

Eso sí, bravo por la puesta en escena. ¡Que arda Pandora! Y bravo por Danny Elfman, que sale dando la cara con una partitura prodigiosa y memorable. En Spotify podréis comprobarlo si no lo habéis hecho ya.

En definitiva, decepcionado, porque lamentablemente no ha dejado poso. En mí, claro, porque lo que es en taquilla, aún andan contando los fajos, que no son pocos. Eso sí, buena noticia para futuros directores: la película de Alicia en el país de la maravillas siguen sin estar hecha.

-Roque.

Palabras vacías

Natalie Portman en Closer

–Te habría querido… para siempre. Ahora vete, por favor.
–No me hagas esto, Alice, háblame.
–Te estoy hablando. Vete a la mierda.
–No, perdona, no me has entendido. Yo no quería.
–¡Claro que sí!
–¡Te quiero!
–¿Dónde?
–¿Qué?
–Enséñamelo. ¿Dónde está ese amor? No lo siento, ni lo toco. No lo toco. Lo oigo, oigo… oigo palabras, pero no me sirven de nada tus palabras vacías. Digas lo que digas, ya es tarde.
–¡Por favor, no me hagas esto!
–Ya está hecho. Y ahora, por favor, vete.

Closer, escrita por Patrick Marber y dirigida por Mike Nichols.

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