
Tom Cruise no supo que aquello fue una película de vampiros hasta tres meses después.
Bowfinger, escrita por Steve Martin y dirigida por Frank Oz.

Tom Cruise no supo que aquello fue una película de vampiros hasta tres meses después.
Bowfinger, escrita por Steve Martin y dirigida por Frank Oz.

Cuando veo basura como esta, por fin entiendo lo que está mal en el mundo. He visto esta película y era absolutamente espantosa. Le pondría estrellas negativas si Amazon.com las tuviera. Cualquiera que sea fan de una de estas películas debería, no ir andando, sino corriendo al psiquiatra más cercano, porque realmente necesita que le examinen la cabeza, ¿Y nos preguntamos por qué la violencia y los serial killers son parte de nuestra sociedad?

En la década de los noventa el desarrollo de guiones en Hollywood había alcanzado los quinientos millones de dólares anuales, tres cuartas partes de los cuales se pagaban a guionistas en concepto de opciones y nuevas versiones de películas que nunca se harían. A pesar de esa cantidad y de los grandes esfuerzos realizados, Hollywood no consigue encontrar un material mejor que el que produce. La verdad, aunque cueste creerla, es que lo que vemos cada año en la pantalla es un reflejo razonable de los mejores guiones escritos en los últimos años.
Sin embargo, hay muchos guionistas cinematográficos que no consiguen enfrentarse a este hecho y viven en el limbo de la ilusión, convencidos de que Hollywood está ciego ante su talento. Con pocas excepciones, el genio nunca descubierto es un mito. Los guiones de primera fila siempre tienen alguna posibilidad, raro es que no lleguen a realizarse. Los escritores capaces de narrar una historia de calidad tienen un amplio mercado, siempre lo han tenido y siempre lo tendrán. Hollywood cuenta con un mercado internacional seguro para cientos de películas al año, y esas películas se harán. La mayoría se estrenará, durará unas pocas semanas, se retirará de la cartelera, y con un poco de suerte se olvidará.
McKEE, Robert. El guión. Lockhart, Jessica (trad.).
Barcelona: Ed. Alba, 2002. 550 págs. ISBN: 84-8428-168-X

–A veces me pregunto cómo habéis conseguido inventaros a vos misma.
–No he tenido otra opción, soy mujer y las mujeres estamos obligadas a ser más hábiles que los hombres, que podéis destrozar nuestra reputación y nuestra vida con sólo unas cuantas palabras, por eso he tenido que inventarme no sólo a mi misma, sino formas de escapar que nadie había imaginado y si lo he conseguido es porque siempre he sabido que había nacido para dominar a vuestro sexo y vengar el mío.
–Sí, pero yo os he preguntado cómo.
–Cuando me presentaron en sociedad tenía quince años y ya sabía qué papel estaba condenada a representar. Guardar silencio y obedecer me dio la oportunidad perfecta para escuchar y observar; escuchar no lo que me decía la gente, que naturalmente carecía de interés, sino precisamente aquello que querían ocultar. Practiqué la indiferencia y aprendí a sonreír mientras debajo de la mesa me clavaba un tenedor en el dorso de la mano. Me convertí en una virtuosa del engaño. No buscaba el placer, sino el conocimiento. Consulté a los más estrictos moralistas para dominar las apariencias, a filósofos para saber qué pensar y a novelistas para saber hasta dónde podía llegar. Y al final lo destilé todo en un principio asombrosamente simple: vencer o morir.
Las amistades peligrosas, escrita por Christopher Hampton, basada en una novela de Choderlos de Laclos, y dirigida por Stephen Frears.