Categoría: Reflexiones

Reflexión: ‘Alicia en el país de las maravillas’

Alicia en el país de las maravillas, de Tim Burton

Mal llamada Alicia en el país de las maravillas.

Decepcionado. Esa es la palabra que mejor define el estado en el que acabé. Decepcionado y agotado, por esforzarme durante toda la película para que me gustase y no conseguirlo. Yo sólo quería ver una película sobre el libro de mi infancia, ¿era pedir demasiado?

Decepcionado, porque adoro a Tim Burton y se me escapan las oscuras razones que le han llevado a esta distorsión de la Alicia que habita en los libros y en el subconsciente del público: la trama está distorsionada, para lucimiento de Depp, y balbucea en un sentido y en otro sin definirse claramente en ningún momento, con una batalla final más propia de Dragones y Mazmorras que del libro de Carroll. Más que un homenaje al personaje, parece una venganza: Alicia queda vulgarmente eclipsada por un Sombrero Loco, humanizado, psicoanalizado y, a la postre, absurdo.

Eso sí, bravo por la puesta en escena. ¡Que arda Pandora! Y bravo por Danny Elfman, que sale dando la cara con una partitura prodigiosa y memorable. En Spotify podréis comprobarlo si no lo habéis hecho ya.

En definitiva, decepcionado, porque lamentablemente no ha dejado poso. En mí, claro, porque lo que es en taquilla, aún andan contando los fajos, que no son pocos. Eso sí, buena noticia para futuros directores: la película de Alicia en el país de la maravillas siguen sin estar hecha.

-Roque.

Reflexión: ‘The cove’

Sólo hay una cosa que puede disculpar que un documental de animalitos no tenga una fotografía espectacular, y es que cuente con una historia espectacular, y The cove la tiene. No me fue fácil pescarla en pantalla grande, pero finalmente lo logré en los Cines Verdi, a los que no volvía desde la presentación de Piedra sobre piedra.

Premio de la Academia más que justificado para un documental que es periodismo de guerrilla en estado puro, La lista de Schindler de los delfines, sin morbo, sin llevarte las manos a la cara, pero sin tapujos. Un thriller que retrata a los malvados pescadores japoneses sedientos de sangre cetácea sin importarles ni la ética ni el mercurio.

No siempre un documental consigue estremecerte en la butaca como si de un thriller se tratara, pero The Cove lo consigue y ¡vaya que si lo consigue! Altamente recomendable. Si no en cine, en DVD.

-Roque.

Reflexión: ‘Furia de Titanes’

Es de esas que había que ver, aunque sólo fuera por la nostalgia de la del 81. Y por otro motivo: mi buen amigo Abner Marín, artista del 3D, al que aprecio enormemente, y con el que contaré siempre que pueda, estaba en el equipo de animación de la película. Me esperé para ver tu nombre entre tanta letra, que lo sepas.

He ido a ver la versión 2D, ya que fue él mismo, Abner, el que me advirtió que no la viese en 3D. Me lo dijo hace un par de días, cuando le felicitaba por su cumpleaños, y razón no le faltaba: esta película no fue concebida para la tridimensionalidad, que es postiza, y a la postre, deficiente.

Furia de Titanes hace aguas, y no es por culpa ni del 3D ni de la animación, sino de un guión mucho menos épico que el de referencia, involuntariamente cómico en ocasiones, y de unos actores que han pasado por caja, pero que no dejan huella. Hubiese sido mejor gastar todo ese dinero en darle tres dimensiones a la antigua, aunque sólo fuese por ver a Ursula Andress salirse de la pantalla.

Sam Worthington hace de cabreado: ceño fruncido, mirada clavada en el suelo, mascullando venganza, y se ríe una vez, lo que sorprende mucho, pero se cabrea enseguida, y es como si nada hubiese sucedido. Liam Neeson, en el papel de Zeus, va adquiriendo un extraordinario parecido a Charlton Heston en Los diez mandamientos conforme avanza la película, y Ralph Fiennes, en el papel de hermano Hades, simplemente da risa, por culpa de un maquillaje horrible, y siento ser tan duro, porque a Ralph le guardo un respeto desde El paciente inglés.

Lo mejor de la película, sin duda, ha sido ver a Abner en las letras del final y recordar que desde que hice mi primer documental, Piedra sobre piedra, trabajé con ese chaval, que ahora vive en Londres y trabaja en las producciones más importantes del planeta. Cómo le conocí, por uno de esos caprichos del destino, gracias a Pablo Olivares, Oli, una vez más, merece una entrada aparte.

No obstante, y pese a las advertencias, si aún así decides ir a verla, por favor, no lo olvides: que sea en glorioso 2D.

-Roque.

Reflexión: ‘Avatar’

Atención. Si no has visto Avatar es posible que el texto que vas a leer a continuación te desvele, directa o indirectamente, algunos detalles del argumento que, tal vez, prefieras no conocer hasta ver la película. Advertido quedas, si traspasas este punto.

Aquí va una pequeña reflexión sobre Avatar antes de la entrega de los Oscars, para que, pase lo que pase, nadie pueda decir que me influyeron los premios, muchos o pocos, no sé, que le pudieron caer. Y es que tanto se ha dicho y redicho de esta película, que no me quedaban ganas de escribir sobre lo que seguramente ya estaréis cansados de leer, y no me he atrevido a hacerlo hasta que he encontrado algo interesante que decir.

Avatar no sería nada sin el espectáculo audiovisual que le acompaña: ¡y qué espectáculo! ¡Menuda experiencia 3D! ¡2D! ¡Como quiera que la veas! Casi todos están de acuerdo en definirla como el gran acontecimiento cinematográfico del año, la revolución del cine, y no sé cuántas otras cosas más. De acuerdo con todas ellas, pero hay algo que no me invita a unirme a ese delirio colectivo pro-Pandora.

Cuando la vi, uno o dos días después del estreno, si bien había quedado tan maravillado con el mundo parece-que-estoy-bajo-el-mar de Cameron como me habían advertido, algo me decía que toda esa tecnología, que toda esa inversión en efectos especiales revolucionarios algún día acabaría siendo superada, del mismo modo que, siempre, desde que el cine es cine, un nuevo efecto especial ha superado al anterior en calidad, realismo o, simplemente, costes de producción. Haced el ejercicio de ver Titanic ahora: menudas sorpresas os llevaréis cuando veáis de nuevo los planos del barco navegando a plena luz del día.

¿Y qué quedará, entonces, cuando los efectos especiales de Avatar sean superados? Pues una historia que ya ha sido contada muchas veces anteriormente, y que es una fórmula con la que Hollywood desde siempre se ha sentido muy cómodo. Es tentador trazar paralelismos entre la historia de Avatar y la de Pocahontas, o la de Bailando con lobos, seguro que se lo habéis oído decir a muchos. Y es que a los americanos les encanta este molde para tratar en la pantalla el tema del choque entre culturas o el racismo. Pero me asalta una duda: ¿no es una forma demasiado racista para tratar el tema del racismo?

A priori pensaréis, ¿racista Avatar? Pero si es un canto en 3D a la integración de un blanco en otra cultura, de la que aprende y se enriquece, y gracias a la cual acaba siendo mejor persona; pero si se trata de una alegoría de cómo el pueblo americano acabó con sus orígenes, masacrándolos, y condenándolos al olvido y a la marginación; pero si es un bello retrato de lo que hacen los ejércitos cuando invaden esos países que a todos nos quedan demasiado lejos…

Ajá, todo eso es cierto, pero recordemos lo que sucede en Avatar: el protagonista, Jake Sully, el blanco, se integra en la nueva cultura, no sólo para formar parte de ella, sino para dominarla y controlarla, lo consigue haciendo volar aquel dragón que sólo unos pocos elegidos han podido doblegar, porque se demuestra superior a los miembros de la tribu y, a la postre, merecedor de gobernarla. Y lo mismo sucede en Bailando con lobos, cuando Kevin Costner se acaba convirtiendo en el indio más guay a este lado del Mississippi. Conclusión: los mejores indios son los blancos cuando se vuelven indios.

Y ese pequeño tic me decepciona profundamente, desde el preciso instante en el que el argumento que se emplea para corregir la conducta no es más que la propia conducta con piel de cordero; como si nos pusiésemos a apagar un fuego con gasolina. Trato de hacer un esfuerzo para comprender estos ademanes imperialistas que, nos guste más o menos, corren por sus venas. Puede que me cueste trabajo por no haber vivido en una sociedad donde casi la mitad de la población es de una raza diferente. Es posible. ¡Y ojo! ¡Lo dice un amante de la cultura (sic) americana! Pero hay un factor que se escapa a mi entendimiento, y si algún lector me puede arrojar algo de luz sobre este tema le quedaré profundamente agradecido.

Sólo hay una cosa que tengo clara de Avatar, cristalina, y es que, visto lo visto, la historia que ha escogido Cameron es exactamente la historia que necesitaba esta película, muy a mi pesar, y, si no, podemos sacar los datos de la taquilla y discutirlo. Es broma.

-Roque.

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