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Los monstruos de la Universal (IV): la máquina en movimiento

La rentabilidad demostrada por el género de terror no podía perderse y el estudio se convertirá en los años sucesivos en su referente. Una vez hecho propio el género, éste se codificará en una serie de elementos invariablemente presentes en todas las producciones: Universal había establecido su propio cliché, que a grandes rasgos, puede resumirse en: el monstruo, con su lado humano y su talón de Aquiles; la chica, víctima siempre; el científico cuerdo y desconfiado; la ausencia del héroe, porque el verdadero protagonista es el monstruo; el desarrollo de la historia fuera de los Estados Unidos, convirtiéndose Europa en un verdadero paraíso del terror, cuando no se ubica en lugares remotos y exóticos; y el happy ending, aunque éste suponga la muerte del monstruo, a veces más humano que las propias personas.

Granero de Frankenstein en llamas

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Los monstruos de la Universal (III): Frankenstein

El siguiente proyecto comenzó por encontrar otro texto de terror clásico: Frankenstein de Mary Shelley. Nuevamente, Laemmle Jr. ponía sus ojos en la adaptación teatral de la novela, avalado por el éxito cosechado en Nueva York y Londres. Siguiendo el mismo patrón en la producción y a pesar de ser del mismo año, el producto final fue radicalmente distinto a Drácula: un guión más dinámico, unos diálogos más fluidos, un director de procedencia teatral (frente a Browning, quien venía de hacer cine mudo) mejor adaptado a las nuevas demandas del cine sonoro y en definitiva, un film de mejor factura.

Boris Karloff en Frankenstein

James Whale, director que ya había cosechado un éxito para la Universal con El puente de Waterloo, aceptó el proyecto interesado por la magnitud del mismo y por no querer ser encasillado como realizador de películas bélicas. Su experiencia vivida en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, le convertían en el director idóneo para una película que, como Van Sloan describe en la advertencia previa al film, trata de «los dos grandes misterios de la creación: la vida y la muerte».

La muerte

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Los monstruos de la Universal (II): Drácula

Como dijimos el otro día, en el estudio tenían muy clara la importancia de las estrellas como parte de la economía de Hollywood. La muerte de Chaney abre una gran incógnita en la producción de Drácula. Será Bela Lugosi, el actor que ya ha interpretado al vampiro en la versión teatral de Broadway, el que finalmente se hace con el codiciado papel.

belalugosi

Tod Browning, el director, tenía ya en 1931 una dilatada carrera a sus espaldas, con más de cincuenta películas. También colaboró en el guión de Intolerancia, película en la que ejerció como ayudante de D. W. Griffith. Entre 1925 y 1927 dirigió tres filmes con Chaney, donde se aprecia su interés por las deformaciones físicas, hecho que le convertía en la persona adecuada según Laemmle Jr. para hacer esta película. Participó, junto con otros, en la elaboración del guión, cuya versión final quedaría más cercana a la obra teatral de Broadway que a la novela de Stoker.

dracula31

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Los monstruos de la Universal (I): el estudio

La Universal (o la gran “U”, como se hacían llamar), a pesar de ser el primer estudio en constituirse, fue siempre considerado como uno de los estudios menores ya que se dedicó casi exclusivamente a la (mal) llamada “serie B”. Su fundador fue Carl Laemmle, inmigrante alemán asentado en Estados Unidos desde la adolescencia, fundó en 1909 la IMP (la Independent Movie Company Pictures) como respuesta a las tendencias monopolísticas de Edison. Más tarde, en 1912, uniéndose a otros independientes formará Universal Pictures, la primera gran productora asentada en Hollywood.

Los estudios Universal alrededor de 1916

Producto de esa rivalidad con la MPPC de Edison es la probada energía que demostró la IMP en sus iniciativas e innovaciones. La más importante de ellas (engranaje insustituible del sistema de estudios) fue sin duda la de adoptar el star system, que tradicionalmente se había relacionado con el teatro y el vodevil. El equipo de Edison no identificaba a sus actores en la pantalla; los fans llegaban a escribir cartas dirigidas simplemente a “la chica de la Biograph” por desconocimiento de su nombre. El astuto Laemmle contrató en 1909 a Florence Lawrence, la chica de la Biograph, por mil dólares semanales y la dio a conocer como tal. Un año después lo hizo con Mary Pickford (doblando su salario). Su descubrimiento: las estrellas vendían películas como nada lo podía hacer.

Una postal de Florence Lawrence, el primer merchandising

Otra herramienta de los jóvenes estudios que se asentaban en Hollywood, fue la especialización por géneros. El género-etiqueta sirve para personalizar los gustos cinematográficos del público y así facilitar la penetración comercial. De este modo, los profesionales de la industria y las políticas de los estudios se identifican y especializan con uno o varios géneros: Lang y el cine de testimonio social; Capra y su optimismo crítico a través de la comedia; los musicales de la RKO con Fred Astaire y Ginger Rogers; la Warner y sus películas de gángsteres con Humphrey Bogart a la cabeza; el cine de aventuras con la serie de Tarzan de la MGM, o las belicistas de Howard Hawks; el género amoroso, encabezado por mujeres como Joan Crawford, Jean Harlow, Katherine Hepburn, Greta Garbo…

La Universal no fue el único estudio que trabajó el género de terror, pero sí el único que supo rentabilizarlo y convertirlo en un sello propio.

Intro de la Universal circa 1930

Los estudios, herederos de la tradición cinematográfica creada por Edwin Porter, D. W. Griffith, John Ford, acaban por adquirir unos cauces consagrados a la eficacia narrativa, donde la acción surge principalmente de los personajes, cuya motivación es fácilmente identificable, desarrollando una cadena de causas y efectos que provocan el avance de la narración, hacia un final perfectamente clausurado donde se resuelve el destino de cada personaje, siempre desde la mayor objetividad posible. Esta forma narrativa impidió que en Hollywood se experimentaran otras tendencias, nuevos aires, aunque este sistema, menos atrevido, no mermó el desarrollo de grandes personalidades.

En su primera etapa, Carl Laemmle se hizo con el joven Irvin Thalberg, hijo de inmigrantes alemanes, que había demostrado talento suficiente como para colocarse, con tan sólo 21 años, al frente del estudio y organizar la producción. Su estancia, antes de marcharse para colocarse al frente de la MGM, se tradujo en la mayor envergadura de los proyectos: citar a John Ford o a Eric von Stroheim son claros ejemplos de ello. Pero fue una película, El jorobado de Nuestra Señora de París, el insospechado éxito que marcaría el rumbo del estudio en los años venideros, sin duda, motivado por el descubrimiento del actor Lon Chaney, el hombre de las mil caras.

THE HUNCHBACK OF NOTRE DAME, Lon Chaney, 1923

Pero el gran éxito tanto para Chaney como para el estudio sería El fantasma de la Ópera, consagrando a éste como “apóstol del terror”. Con Carl Laemmle Jr. al frente del estudio, y tras un periodo no especialmente brillante, decide regresar al género del terror con  la que sería la primera película sonora del género, Drácula. Nadie dudaba de Lon Chaney como el nuevo Conde Drácula, pero un año antes del comienzo del rodaje el actor fallece de un cáncer de laringe a los cuarenta y siete años de edad, dejando abierta la puerta del estudio para otros candidatos y una gran preocupación en la mente de Laemmle Jr.

Lon Chaney en El fantasma de la Opera

-Roque.

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