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Reflexión: Javier Fesser

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Para los que estamos empezando los referentes son vitales, son como los faros en las tormentas, sin ellos estás perdido. Los observas, los analizas, intentas comprender el por qué de cada uno de sus pasos, con la finalidad de aprender, de orientarte.

Tenía referentes españoles actuales, por los que sentía más respeto que entusiasmo, eran referentes de manual, de tertulia con café, de los de quedar bien… sin embargo, este año, gracias a Camino, he encontrado en Javier Fesser mi referente.

  • Porque es responsable, como un padre. Cuando empiezan sus películas puedes sentir cómo te coge de la mano y te lleva con firmeza por la historia, sin soltarte ni un sólo instante. Cuando crees que te has perdido, corres a buscarlo y ahí está, a la vuelta del siguiente fotograma. Venga, tonto, te habías asustado. Javier puede responder con orgullo de cada secuencia de sus películas, de cada giro de sus historias y de cada gesto de sus actores.
  • Porque es inocente, como un niño. Porque sus historias son abecé, porque no hace falta más, porque eso es lo que perdura, lo que hasta un niño puede comprender. Pero si buceas hay más, y cuanto más te adentras más descubres. Como una cebolla, así son las historias escritas desde dentro y hacia fuera.
  • Porque su chistera no tiene fin. No hay lugar para el desaliento. ¿Pero cómo va a acabar todo esto? No te preocupes, veamos qué nos tiene preparado Javier. Porque pone mucha magia en lo que hace y eso es lo que vale, porque el cine al fin y al cabo no es otra que magia.

Pero a pesar de todo, le oigo decir con el Goya en la mano: mi suerte ha sido haberme rodeado de los mejores. Qué gran lección.

Y esa no la enseñan en la escuela.

Roque.

‘Camino’, (probablemente) la mejor película del año

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Camino. Ya lo dije cuando la vi. Insisto, ahora que están a punto de entregarse los premios Goya. No es la favorita en número de nominaciones, ya lo sé, pero sí la única que ha conseguido que el que saliera de la sala no fuera el mismo que el que entró.

Mis mejores deseos a Javier Fesser, Carme Elías, Jordi Dauder, Nerea Camacho, Raúl Romanillos, Arturo Balseiro y Ferrán Piquer.

También mis mejores deseos a Pepe Quetglas, implicado, ni más ni menos, que en tres nominaciones. Pepe es así. Y a Manuel Cristobal por ‘El lince perdido’.

Roque

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Actualización 21:45

Goya a mejor actor de reparto para Jordi Dauder por su papel como don Luis, uno de los dos sacerdotes de la peli. El primero de la noche. ¡Enhorabuena!

El otro sacerdote, don Miguel Angel, está interpretado brillantemente por Pepe Ocio, amigo, genial actor. Este Goya también le representa un poco a él.

Actualización 22:27

Goya a la mejor actriz principal para Carme Elías. Era fácil imaginárselo. Su personaje es tan odioso como atractivo. Qué grande.

Actualización 22:47

Goya al mejor maquillaje para Pepe Quetglas por ‘Mortaledo y Filemón: Misión salvar la Tierra’. No podía ser de otra manera.

Actualización 22:54

Goya a la mejor actriz revelación para Nerea Camacho. Los ojos del cine español. Me hiciste llorar.

Actualización 23:17

Goya a la mejor película de animación para ‘El lince perdido’. ¡Enhorabuena Manuel Cristobal!

Actualización 23:29

Otro Goya para Pepe Quetglas y su equipo por los efectos especiales de ‘Mortadelo y Filemón: Misión salvar la Tierra’. Un clásico.

Actualización 23:37

Goya para Javier Fesser al mejor guión original por ‘Camino’. Valiente. Aplastante. Duro, mucho. Redondo. De los que hace reír y llorar. Javier nos ha dado una lección de cómo se escribe una película. Tomo nota.

Actualización 23:50

Goya para Javier Fesser al mejor director. ¡Bien!

Actualización 23:55

Y la mejor película es… Camino.

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NOTA: Esta entrada se llamaba originalmente ‘Camino’, probablemente la mejor película del año, y vistos los resultados pasa a titularse ‘Camino’, (probablemente) la mejor película del año.

Buenos tiempos para los indies

Pequeño cine abandonado

Crisis. Esa es la palabra de moda, todo el mundo habla de ella. Sabíamos que existía, pero hacía tiempo que no la usábamos, como un abrigo olvidado en el armario que comprobamos que nos sigue valiendo años después. Se percibe a todas horas: en el periódico, en la barra del bar, en el programa de tarde de la radio, en el edificio a medio construir que lleva meses abandonado y en el anuncio de Freixenet.

Nada se escapa a ella, todos hemos quedado atrapados como si se tratara de un enorme agujero negro que nos absorbe irremediablemente. Al menos eso es lo que nos han hecho creer, pero no es cierto. En nuestro terreno, en el cine, no corren buenos tiempos para aquellas películas que necesitan millones para completar su financiación, por eso muchos ponen los ojos en el cine independiente: distribuidores y profesionales saben que sólo las películas de presupuestos moderados o pequeños acabarán saliendo adelante.

Mientras que a la gente le siga gustando ver películas, seguirán pagando por ver las que les interesen, siempre ha sido así: seguirán yendo a los cines o comprando los DVDs.

Es sabido que en tiempos de crisis el consumo de TV y cine se dispara: la gente gasta más en entretenimiento y ocio, precisamente para liberarse de la carga, como una droga que aliviara el dolor. Pero la crisis que nos acecha es financiera, lo que afecta de lleno a las producciones grandes, y utilizo el término “grandes” de un modo relativo: no me refiero sólo a las superproducciones de Hollywood, me refiero también a producciones mucho más modestas comparativamente, pero que en otros países, como España, poseen grandes presupuestos. Esta situación deja en una clara ventaja a los productores independientes.

A mi juicio, lo que realmente tiene que tener claro el productor independiente es:

  • Reducir los costes de la producción. Rodar hoy día no tiene por qué ser algo caro. Las calidades que ofrece el vídeo standard (SD) y la bajada de precios en formatos HD y HDV ponen al alcance de cualquiera la posibilidad de rodar con una calidad más que decente. Aunque el 35mm ha tirado los precios, ante su  inminente desaparición, sigue siendo una decisión fuera del alcance del productor independiente. Hablando con un reputado director de fotografía acerca de si rodar mi película en 35mm o usar la nueva Red One, la popular cámara de cine digital, me dijo: “¿Para qué rodar con la Red One? ¿Para que se haga una paja el director de fotografía?”. Al margen de la vulgaridad, tenía toda la razón: quien va a percibir la diferencia de si la película ha sido rodada con una cámara u otra no es precisamente el público, que es quien nos interesa.
  • Ofrecer un buen producto a buen precio. Manteniendo unos presupuestos moderados, no nos será difícil cautivar a los posibles inversores. Cuanto menos haya que gastar, antes se perciben los beneficios.
  • Internet. Mientras Internet sea gratuito, los independientes tienen en sus manos una de las herramientas publicitarias más poderosas inventadas hasta la fecha. Está repleto de redes, club de fans, blogs… decenas de útiles mecanismos para darse a conocer y hacer negocio. Nunca fue tan fácil llegar tan lejos y a tanta gente con tan poco esfuerzo.

¿Estás sacando adelante algún proyecto? ¿Cómo estás capeando la crisis?

Un saludo,

Roque.

Los nuevos retos

Adoro el cine de terror, el bueno y el malo, y casi tanto el malo como el bueno.

¿Que cuál es mi película de terror favorita? La buena, sin duda, ‘El exorcista’. La mala, ¡hay tantas!

Todo empezó una navidad, hace muchos años. Televisión Española pasó los clásicos de terror de la Universal, o sea, ‘Drácula’, ‘Frankenstein’, ‘El hombre invisible’… Eran pases matinales, sobre las diez o las once, de modo que la luz del día entrando por la ventana del salón ayudaba a hacerse el valiente y verlas, una cada día de la navidad. Y ahí quedaron, en el letargo de la memoria. Pronto quise ver las eternas secuelas que nacieron de aquellas películas: ‘La hija de Drácula’, ‘La zíngara y los monstruos’, ‘La mujer lobo’… ¡Qué grandes malas películas! ¡Cuánto terror de cremallera y maquillaje! ¡Qué entrañables monstruos!

Boris Karloff alarga su poderosa mano a través de la ventanilla de la puerta deslizándola alrededor del cuello del inocente funcionario de prisiones. Aprieta y exclama: ¡Devuélveme mi tiza!”. Su víctima le devuelve la tiza jurando: “Maldito seas, aprendiz de Frankenstein”. Boris, preso, regresa a la celda y explica su delirante plan a su jorobado compañero de celda: transplantar un cerebro. Claro, eso, sin tiza se explica mal.

Preparo un proyecto de terror. Rezaré a mis monstruos para que no me abandonen en tan terrorífica aventura.

PD: El funcionario ignoraba que Boris había sido Frankenstein 14 películas antes. ¡Qué cateto!

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