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Alegrarte de verme

Fred MacMurray y Barbara Stanwyck en Perdición de Billy Wilder

Ya es hora de que digas que te alegras de verme.

Perdición, dirigida por Billy Wilder y escrita por Raymond Chandler y Billy Wilder

El tonto no sabe besar

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Sí, le quiero. Adoro sus camisas de cuello y puños almidonados y la forma en que se abrocha mal el chaleco. Es alto como una jirafa y por eso le quiero, lo quiero porque es esa clase de tipo que se emborracha con un vaso de leche. Y me gusta el modo en que se ruboriza hasta las orejas. Le quiero porque no sabe besar, ¡el tonto! Le quiero, Joe, es lo que intento decirte. No le volveré a ver más… pero no me casaré contigo. Aunque ates una tonelada de cemento a mi cuello y me tires al río como hiciste con los otros.

Bola de fuego, de Howard Hawks, escrita por Charles Brackett, Billy Wilder y Thomas Monroe

El olor a madreselva

Recomendar películas de Billy Wilder es como recomendar llevar una vida sana, tomar fruta y hacer algo de ejercicio. No hace falta decirlo, simplemente hay que hacerlo. No se pueden no ver, son lecciones magistrales para jóvenes directores, actores incipientes, y técnicos del cine de todas sus ramas. Pero lo mejor de todo, es que son películas para el gran público, endiabladamente entretenidas, emocionantes, arrebatadoras historias que te zarandean llevándote de la comedia incontrolable a la más terrible tragedia, a veces con tan sólo unos minutos de separación.

Hoy domingo, esperando a que el sol no apretara tanto y, así, poder trabajar en el jardín, porque trabajo tiene, y bastante, he repasado algunos títulos de él: El crepúsculo de los dioses, Perdición y Testigo de cargo. Tres películas, tres mujeres: Gloria Swanson, Barbara Stanwyck y Marlene Dietrich. Y tres personajes: Norma Desmond, Phyllis Dietrichson y Cristina Vole. No podía haber sido un domingo más delicioso, como hacía tiempo no pasaba uno.

Perdición

Cuando esta noche he salido al jardín y he olido a la hierba húmeda he recordado las palabras de Fred MacMurray en Perdición:

Era una tarde calurosa y aún recuerdo el olor a madreselva en toda la calle. ¿Cómo no supe que a veces el asesinato huele a madreselva?

Os propongo algo, algo para las calurosas noches del verano, esas en las que las ventanas de las casas están abiertas de par en par, esperando robar una leve brisa a la madrugada. Una sugerencia para esas noches interminables: una película de Billy Wilder. Son buenas para el espíritu.

-Roque.

PD: por cierto, Billy Wilder rodó su última película en 1981, Aquí, un amigo. No pudo rodar más porque las aseguradoras de Hollywood temían que, por su avanzada edad tuviera que verse obligado a abandonar el rodaje o falleciese súbitamente. Murió 21 años después. Siempre recuerdo esta anécdota, terrible, dicho sea de paso.

Idiota feliz

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—Vamos, Fran, no te pongas así. ¿Vas a pasarte la noche llorando como una tonta? ¿No quieres decirme por lo menos qué te ocurre? Tú te figuras que te he estado engañando… pero cuando uno lleva doce años casado con una mujer no puede sentarse a desayunar y de paso que pide el azúcar, pedir el divorcio. No es tan fácil. Además, es un mal momento, los chicos tienen vacaciones en el colegio, mis suegros han venido a pasar las fiestas con nosotros. No puedo plantear la cuestión. No te reconozco, Fran. Tú, una chica siempre tan animosa y divertida.
—Soy la misma. La idiota feliz, siempre riendo.
—Ahá, eso está mejor. Por lo menos ya me hablas.
—En la fiesta de la oficina me enteré de algo muy gracioso. Encontré a tu secretaria, la Srta. Olsen. ¿Recuerdas? ¿La del tilín tilín? Estuve a punto de morir de risa.
—¿Y eso te tiene preocupada? ¿La Srta. Olsen? Ya pasó a la historia.
—Francamente, la Historia nunca ha sido mi fuerte. Repaso general: primero fue la Olsen, luego una tal Rossi… No, esa fue antes, después de la Olsen vino la Koch.
—Vamos Fran.

Fran rompe a llorar de nuevo.
—Y ahora seguro que hay alguna en la oficina esperando turno después de mi.
—Bueno, bueno… está bien, confieso que lo merezco. Pero hazte una pregunta, ¿por qué un hombre sale con tantas mujeres? Pues… porque no es feliz en su hogar. Porque se siente solo. Pero eso fue antes de conocerte, ya no salgo con ninguna.
—No creí que fuera tan estúpida. Está visto que nunca aprenderé. Cuando una se enamora de un hombre casado, no debería ponerse rímel.

El apartamento
Billy Wilder

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