El próximo lunes, día 9, asistiré en Madrid a la entrega de premios de la Unión de actores. La razón por la que lo hago es acompañar y arropar a mi amigo Pepe Ocio que, como era de esperar, está nominado como mejor actor de reparto por la película (del año, probablemente) Camino.

No conozco a Pepe de toda la vida, no es ni mi vecino, ni primo de ningún amigo. Lo conozco porque es un actor genial y porque los amigos de Marta Nieto son sus amigos, al menos, en Facebook.
Todos sabéis que esa película me impactó en su día y que me alegré, sobradamente, cuando fue galardonada con todos aquellos premios Goya. Don Miguel Angel, el personaje que interpreta Pepe, un joven sacerdote vinculado al Opus Dei, me trajo muchos recuerdos, buenos y malos, de mis días en el colegio. Su frase «Dios está haciendo un trabajo precioso con esta chiquilla, y no dudes, que cualquier cosa que Él haya dispuesto es por su bien», es lo más parecido a un escalofrío convertido en palabras. Don Miguel Angel es un villano en toda regla, la vanguardia del fundamentalismo, el más peligroso de todos, sin respeto por los hombres, sin miedo a hacer daño en nombre de Dios, esa frontera que ningún humano debería traspasar, eso sí, con cara de no haber roto un plato en su vida, y lo que es peor aún, creyendo estar haciendo el bien. Por eso no pasas desapercibido, Pepe, porque los que hemos conocido ese mundo sabemos que haberlos, haylos, y tú los has llevado a la pantalla con este espeluznante personaje.
La magia de Camino radica en sus actores. Esa misma noche también son candidatos a optar a premios Mariano Venancio, Carmen Elías, Jordi Dauder, Lola Casamayor y Ana Gracia, la versión femenina de don Miguel Angel, igualmente escalofriante. Todos ellos lo merecen y allí estaré yo para verlo.
Roque.