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‘Escóndete’ de Roque Madrid

Bien, ha nacido por fin, se llama Escóndete y ha pesado 80 minutos.

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Está protagonizada por Víctor Sevilla, Rubén Mascato, Mariam Hernández y Raquel Arcos. Y sí, es terrorífica. Ahora sólo queda montar audio, banda sonora, etalonar y mezclarlo todo muy bien.

Escóndete es una leyenda urbana, una historia de hoguera y linterna, de curso de verano y noche al aire libre, de manta invernal. Una historia de esas que nos contaban cuando éramos pequeños. Es una de esas donde te aseguras que no tienes a nadie a tus espaldas, por si acaso. Una de esas que empieza: ¿Sabes lo que les pasó a unos que… ? Una historia sencilla, de elementos básicos y trazos limpios, apelando al terror más elemental. Sin más complicaciones. Fiel a su género.

Rubén Mascato en 'Escóndete'

Escóndete también ha sido un experimento y una experiencia. He conocido a cuatro actores maravillosos, de los que hablaré muy pronto, y he tenido la suerte de contar con el apoyo incondicional de un equipo técnico sin el cual no habría sido posible llevar a cabo un rodaje que no ha sido fácil, precisamente. Han sido unas jornadas de trabajo muy duras, todas ellas nocturnas, que, como os podéis imaginar, pesan el doble. Además nuestra localización estaba enclavada en un lugar abandonado, con todo lo que ello conlleva: sucio, inhóspito, incómodo y, cómo no, terrorífico.

Enhorabuena a todos, habéis hecho un buen trabajo, es fácil comprobarlo, se puede ver y dura 80 minutos. Y muchas gracias. Ha sido duro, pero ha merecido la pena.

-Roque.

PD: Y muchos os preguntaréis: ¿y Elías? Pues Elías en la pista de despegue, esperando a concretar la fecha definitiva de nuestra actriz principal que ahora mismo se encuentra fuera de España. ¡Qué ganas tengo de empezar!

PD2: No obstante, estoy afilando el lápiz: tengo otra idea rondándome desde hace unos días. Caballeros, permanezcan sentados.

70 años de pesadillas

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Hoy me gustaría hablaros de una de esas miles de pequeñas historias sin importancia que habitan dentro del mundo del cine, una de esas que, tal vez, no se entienden bien por aquellos que no son unos chiflados del séptimo arte, como lo es un servidor. Hoy me gustaría hablaros de un sonido, no de uno cualquiera, sino de uno que fue registrado en 1931 para ser utilizado en la mítica película de Frankenstein, el clásico de la Universal dirigido por James Whale, con Boris Karloff en el papel de monstruo. Se trata de un trueno, un espectacular trueno que sonaba así:

Los americanos lo llaman, de forma cariñosa, el Castle Thunder, el Trueno del castillo, precisamente porque suele ir acompañando a imágenes de castillos o de casas encantadas, en noches oscuras y tormentosas. Este es, sin duda, el más clásico de todos los truenos que ha sonado en una película, un viejo amigo que se ha estado utilizando durante más de setenta años y aún hoy día se sigue haciendo. Y no solamente ha amenizado las peores pesadillas del celuloide, sino también momentos gloriosos como los 1,21 gigovatios que mandaron de Regreso al futuro a Marty McFly a bordo de un DeLorean, gobernado por un condesador de fluzo, dicho sea de paso.

Lo podéis oír en Ciudadano Kane, Cleopatra, Hindenburg, Los cazafantasmas, Un cadáver a los postres, En los límites de la realidad, El juego de la sospecha, Golpe en la pequeña China, Entre pillos anda el juego, Una pandilla alucinante, La muerte os sienta tan bien, El jovencito Frankenstein, o en los clásicos de Disney Bambi, La Bella Durmiente o Basil, el ratón superdetective y en muchas otras películas.

También se ha utilizado como elemento para la creación de otros sonidos, como los de la nave Enterprise de Star Trek o los cañones láser de la Estrella de la muerte en La guerra de las galaxias.

Como es natural, hoy día existen grabaciones con más calidad y fidelidad que la del viejo y entrañable Trueno del castillo; por un momento, imaginad las herramientas de grabación de hace 78 años. Dudo mucho que se pueda seguir empleando, con la demanda de calidad que los nuevos soportes audiovisuales exigen. Sin embargo, pocos truenos pueden presumir de ser tan veteranos y populares como éste. Casi con toda seguridad, el Trueno del castillo ha adquirido un status que difícilmente otra grabación del mismo género pueda adquirir nunca.

Roque.

PD: ¿Por qué siempre faltan diez años para que conduzcamos coches de hidrógeno?

1978: ‘Grease’

La verdad es que el año 1978 no es ningún punto de inflexión en mi vida cinematográfica. No porque fuese un año flojo, que no lo fue, El cazador o El expreso de medianoche son ejemplos de ello, sino simplemente porque ninguna de las películas de ese año dejó huella en mí como otras lo han hecho.

Hagamos un repaso. 1978. Yo tenía dos añitos y Superman alzó el vuelo por primera vez. No, lo siento. Ni el bucle de Reeve ni la fanfarria de Williams calaron hondo en mi. No es que no me guste, es que los conocí tarde y mal. Además, de pequeño, las partes en las que aparecía Marlon Brando me daban sueño y caía dormido, como cuando hipnotizan a alguien en la tele.

En 1978 los muertos salieron de sus tumbas en el clásico de George A. Romero La noche de los muertos vivientes. Un clásico –¿cuántas reediciones y montajes y submontajes hay de esta película?–, pero como que tampoco. También nació un clásico del cine de terror, Halloween, padre de una saga interminable, pero que no me ha enganchado nunca.

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De 1978 me voy a quedar con Grease, Vaselina, como la llaman en Sudamérica, la película musical interpretada por John Travolta y Olivia Newton-John. Sí, ya lo sé… el valor cinematográfico de Grease es bastante dudoso. No os quito la razón. Pero ¿no quedamos en que esto era una lista personal? Grease está aquí, en esta lista, más por lo que significó que por lo que realmente es. ¿Que qué significó?

  • Olivia Newton-John, es todo un descubrimiento, la actriz perfecta, actúa, canta, baila, todo un mito que nació y murió con esta película, al menos aquí en España. Olivia, Sandy, será siempre para mí esa rubia de laboratorio con rebeca de punto, falda de vuelo y calcetines a juego.
  • John Travolta, Danny, en un breve período de su vida en el que parecía alguien normal antes de caer en la espiral de idiotización que le ha llevado hasta lo que es ahora.
  • Una moda, como pocas películas han impuesto, sobre todo en la juventud del momento. A mí me pilló demasiado pequeño, pero a los que tengáis hermanos mayores que fueran adolescentes en esta época, buscad fotos de ellos de estos años, os llevaréis una sorpresa. Grease marcó un estilo. Y fue todo un furor, ¿como lo puede ser ahora High School Musical?
  • Una banda sonora inmortal. Que no hay verbena de verano sin Grease, pasen los años que pasen. Ay, Summer Nights, You’re the one that I want… Sin comentarios.
  • Stockard Channing, Rizzo, otro descubrimiento, una actriz soberbia, aunque han sido los asiduos a Broadway los que más la han podido disfrutar. No obstante años después nos regaló una brillante Seis grados de separación.
  • El único legado decente de Lorenzo Lamas.

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Pero Grease tiene algo más. Sí. Aún recuerdo que fue una de las primeras películas que grabé de la televisión, la veía una vez tras otra, sus canciones me volvían loco. Tanto su historia sencilla y llena de optimismo como su humor blanco e inocente acercaban un género, ahora en peligro de extinción, a todos los públicos. Y cuando echo la vista atrás y me recuerdo en el salón de aquella casa viendo Grease reconozco que no era consciente de que aquella película que estaba viendo era uno de los últimos grandes musicales en producirse.

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Una última reflexión sobre 1978. Siempre habrá dos películas de este año que ocuparán un rinconcito de mi corazón, no por buenas, sino por todo lo contrario: Tiburón 2 y Piraña. Terror acuático de segunda división que me marcó para siempre. Desde entonces he estado dispuesto a caminar como Jesucristo, por encima de las aguas, a la más mínima sospecha de bicho en el agua.

Os dejo con un audio interesantísimo, una joya. Una versión instrumental del Summer Nights de Grease interpretado por una típica orquesta de instituto norteamericano. Imprescindible.

¿Cuáles fueron vuestras películas de 1978? ¿Grease?

El placer de acostarse con un monstruo

Hablando hace unos días con mi amigo Curro surgió en nuestra conversación lo fantástica que era la serie La familia Monster. Hace casi un año me hice con ella, con la primera temporada, respondiendo a un impulso innato de adquirir todo aquello que tenga que ver con los monstruos clásicos, o sea, Drácula, Frankenstein y el hombre lobo, y fue un acierto absoluto, tanto que me la vi de un tirón. Se trata de una de esas series a las que el tiempo ha bañado con la magia de la nostalgia. Verla es viajar a los años de la infancia, de la mía, a los años 80, donde la serie era puesta, o repuesta, no lo sé, por la única televisión que llegaba a nuestros hogares.

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Será el doblaje mejicano. O su humor blanco, inocente, simplón. Serán las risas enlatadas que saltaban a la más mínima mueca de Herman Munster, genialmente intrepretado por Fred Gwynne. Será la mansión imposible. O el laboratorio del abuelo, Al Lewis. O la presentación de personajes en cada comienzo de capítulo de la primera temporada, guiada y orquestada por una increíble Yvonne de Carlo. O su música genial, tan de los años 60…

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Los Monsters llega a las televisiones norteamericanas apenas unos días después de que lo hiciera otra célebre, e inevitablemente comparada, serie: La familia Addams. Una dura batalla televisiva entre la CBS (Munters) contra la ABC (Addams). Y aunque parezca curioso, ninguna de las dos permaneció más de dos temporadas en pantalla. Sin embargo su legado ha trascendido mucho más allá en el tiempo, aunque parece que, a la larga, ha sido La familia Addams la que haya podido salir victoriosa, por aquello de las películas que más tarde se hicieron y un remake que hubo de la serie.

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La familia Monster supone el fin de una era dentro de los estudios Universal. A veces se nos olvida que fueron esos estudios los que crearon a los monstruos clásicos tal y como los entendemos: a Drácula, un mago con su capa y chistera; Frankenstein, con plataformas, cabeza cuadrada y los tornillos en el cuello… Ellos los crearon, levantaron un imperio gracias a las películas que protagonizaban los monstruos, más de sesenta en esta etapa, con títulos tan geniales como Drácula o La Momia, o tan delirantes como Frankenstein contra el Hombre Lobo o La zíngara y los monstruos; y ellos también acabaron con esos mitos, los estereotiparon, los ridiculizaron y, sin quererlo, los volvieron a elevar a la categoría de inolvidables.

De los Munsters se pueden contar decenas de anécdotas y curiosidades. Una de mis favoritas es que la casa donde se rodaba la serie todavía sigue en pie en los estudios Universal de Los Angeles; es más, se encuentra en la misma calle del estudio donde actualmente se rueda la popular serie Mujeres Desesperadas, para más señas entre las casas de Susan y Gabrielle, ligeramente maquillada, como es obvio.

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También ha llamado mi atención una página web creada y gestionada por Butch Patrick, el hijo de Herman y Lily Munster, Eddie, el pequeño niño lobo y uno de los pocos actores supervivientes de la serie, en el que ofrece sus servicios, junto a los de otras ex-celebridades locales del cine de terror, como Lisa Loring, Miércoles Addams para entendernos, Pat Priest, en su día Marilyn Munster, o incluso, atentos, Linda Blair, la niña de El Exorcista, para animar, amenizar y dar color a fiestas de Halloween, cumpleaños, reuniones de empresa…

Sí, así es Hollywood. Para bien o para mal.

Los que me conocen saben que no puedo conciliar el sueño si no es con el runrún de una película de fondo, y desde hace unos días son los Munsters los que me ayudan a hacerlo. No sé que tiene el cartón piedra, las telas de araña o el crujir de la madera, no sé qué activan en mi subconsciente, pero me invitan a acurrucarme bajo las sábanas, imaginar que llueve y hace frío en el exterior y que no estaré en mejor sitio que ahí mismo.

Roque.

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