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Reflexión: Un tipo inolvidable

Hace poco hablaba con mi buen amigo Alejandro Mollá, psicólogo y compañero desde los años del colegio, que los estudiantes de cine con inquietudes creadoras, los guionistas y los creadores de historias para la gran y pequeña pantalla no deberían, cuando visitan las tiendas de libros, empezar por la sección dedicada al Cine, sino por la de Psicología. Es lo que, al menos, hago yo cuando las visito, ya que lo encuentro tremendamente útil de cara a mi trabajo.

Ahí es donde están los personajes que luego gobernarán las tramas de las historias. En la sección de psicopatologías, por ejemplo, está el Melvin Udall de Mejor… imposible, o el doctor Hannibal Lecter de El silencio de los corderos. Pero además encontrarás un extenso recorrido por problemas conyugales, familiares y sociales, cómo surgen, por qué surgen y cómo se solucionan; una explicación para las fobias, las depresiones, y los distintos tipos de personalidad. Miedos, carencias, excesos, todo un catálogo enormemente útil a la hora de sentarte a escribir.

Anthony Hopkins en Hannibal Lecter en El silencio de los corderos

Muchas veces, una historia se desinfla por no tener unos buenos personajes, o porque éstos no están bien definidos. En ocasiones los creadores confiamos demasiado en la belleza de lo normal, cuando eso es de lo que está harto el espectador, que acude a la sala de cine huyendo, precisamente, de lo normal. Introduzcamos un elemento diferenciador, dotemos a nuestro personaje de un perfil diferente, una personalidad distorsionada, unas relaciones marcadas por un trauma; regalémosle un tic, una manía, unos miedos. Esa será la diferencia de que, cuando acabe la película, sea o no recordado.

Por tanto, insisto, sección Psicología, no lo olvidéis, y si no lo habéis hecho aún, os invito a que lo hagáis. Estoy convencido de que os será de mucha utilidad. Incluso si no os dedicáis al cine.

-Roque.

Suerte, Heath

brokeback-mountain

Nunca he sido bueno haciendo quinielas, el único test que he superado en mi vida fue el de conducir, y fue a la segunda. Cuando me dan cuatro opciones escojo siempre la casi correcta. No tengo ni idea de lo que podría pasar esta noche en la ceremonia de los Oscars, todavía me quedan muchas películas implicadas por ver, cosa que haré en breve, y no tengo las cosas tan claras como las tenía el día de los Goya. Así que llego bastante cómodo a esta ceremonia: que pase lo que tenga que pasar. ¿Incluso Penélope? Por qué no.

Eso sí, me gustaría que premiasen a Heath Ledger. Su interpretación de Joker lo merece, y además aún le deben el que no le dieron por Brokeback Mountain. Ojalá sea el broche final de una carrera interrumpida por la mala suerte. Pero vamos, que acertar esto no tendría ningún mérito, es el favorito de todos.

No los veré. Empiezan demasiado tarde y yo mañana tengo que aprovechar el día. En las próximas semanas aprovecharé para ver las cuatro o cinco películas fundamentales del año que me quedan por ver. Situación paradójica: hacer cine te deja poco tiempo para ver cine. El regreso de Elías Urquijo, mi baby, absorbe toda mi atención. Ahora: distribución. Y la emocionante sensación de adentrarme de nuevo en la historia acompañado de alguien a quien admiro profundamente y del que pronto hablaré.

Suerte, Heath.

Roque.

Actualización, al día siguiente, 10.00 am

Leo en la prensa que Penélope ganó su Oscar, me alegro. También lo recibió, póstumamente, Heath Ledger. Enhorabuena, Heath.

El que servía los cafés ahora maneja el dinero

A estas alturas muchos habréis oído hablar del reciente ataque de cólera que sufrió Christian Bale durante un rodaje. El vituperio en cuestión fue que, al parecer, el director de fotografía de la película irrumpió por el fondo del decorado mientras Christian Bale ensayaba. El actor se dejó llevar por la ira y lo que allí sucedió lo podéis oír aquí mismo. Ah, y no es una broma como lo del Gran Wyoming.

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Un rodaje es una experiencia de una gran intensidad, muchas cosas están en juego, el trabajo de mucha gente, a veces cientos, con el coste que ello implica, debe estar perfectamente sincronizado y todo el mundo necesita, además, un espacio vital para llevarlo a cabo.

Lamentablemente estos ataques de ira no son excepcionales. Yo mismo he vivido varios, es más, en alguna ocasión he sido yo mismo quien los ha protagonizado. No es para sentirse orgulloso, todo lo contrario, he aprendido que nada bueno se obtiene de ellos. Son un recurso fácil para canalizar tensiones, estrés, y en la mayoría de los casos, frustraciones, pero son muy ofensivos, generan una imagen nefasta de uno mismo y disminuyen la productividad de todo el equipo en general.

Hay una enseñanza de oro en esta profesión que dicta que quien hoy te sirve los cafés, probablemente mañana maneje el dinero. Así es. Esta profesión requiere mucha perspectiva. Trata bien a todo el mundo, porque la vida está llena de sorpresas.

Es posible que sientas ganas de invadir Polonia cuando ves cruzar por el fondo del decorado al director de fotografía retocando luces mientras tú estás ensayando, pero eso no te da ningún derecho a insultar cruelmente, vejar o amenazar a nadie. ¿Te molesta? Hablemos con el director, con el productor, busquemos una solución. Es normal cabrearse, pero de eso a convertirse en una especie de monstruo neurótico y desbocado hay un trecho.

Christian Bale debería saber a estas alturas que una película no es solamente él, sino el trabajo de muchos en colaboración unos con otros. En su reprensión habla de “mi” secuencia, de “tus” luces. No se trata de “tus” luces, son “las” luces que va a iluminar “la” secuencia. Y ese es el error de muchos y el que, creo, ha cometido este actor, olvidar que hay cientos de profesionales detrás, arropándole, precisamente para que su interpretación se eleve a la categoría que merece. Aunque cuando se está muy alto es fácil perder la perspectiva: no es más que una película, no se trata de salvar al mundo de ningún ataque alienígena.

¿Qué te parece a ti el ataque de ira de Christian Bale? ¿Crees que está justificado?

Roque.

Vocabulario básico del cineasta independiente

ceder.

(Del lat. cedĕre).

[...]

6. intr. Dicho de una cosa: Disminuir o cesar su resistencia. Los muelles del sofá han cedido.

[...]

paciencia.

(Del lat. patientĭa).

1. f. Capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse.

2. f. Capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas.

3. f. Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho.

[...]

~ y barajar.

1. expr. U. para animar a alguien o a uno mismo a perseverar en un intento después de un fracaso.

[...]

sonrisa.

(Del ant. sonrisar, sonreír, y este de son- y risa).

1. f. Acción y efecto de sonreír.

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