Hace poco hablaba con mi buen amigo Alejandro Mollá, psicólogo y compañero desde los años del colegio, que los estudiantes de cine con inquietudes creadoras, los guionistas y los creadores de historias para la gran y pequeña pantalla no deberían, cuando visitan las tiendas de libros, empezar por la sección dedicada al Cine, sino por la de Psicología. Es lo que, al menos, hago yo cuando las visito, ya que lo encuentro tremendamente útil de cara a mi trabajo.
Ahí es donde están los personajes que luego gobernarán las tramas de las historias. En la sección de psicopatologías, por ejemplo, está el Melvin Udall de Mejor… imposible, o el doctor Hannibal Lecter de El silencio de los corderos. Pero además encontrarás un extenso recorrido por problemas conyugales, familiares y sociales, cómo surgen, por qué surgen y cómo se solucionan; una explicación para las fobias, las depresiones, y los distintos tipos de personalidad. Miedos, carencias, excesos, todo un catálogo enormemente útil a la hora de sentarte a escribir.

Muchas veces, una historia se desinfla por no tener unos buenos personajes, o porque éstos no están bien definidos. En ocasiones los creadores confiamos demasiado en la belleza de lo normal, cuando eso es de lo que está harto el espectador, que acude a la sala de cine huyendo, precisamente, de lo normal. Introduzcamos un elemento diferenciador, dotemos a nuestro personaje de un perfil diferente, una personalidad distorsionada, unas relaciones marcadas por un trauma; regalémosle un tic, una manía, unos miedos. Esa será la diferencia de que, cuando acabe la película, sea o no recordado.
Por tanto, insisto, sección Psicología, no lo olvidéis, y si no lo habéis hecho aún, os invito a que lo hagáis. Estoy convencido de que os será de mucha utilidad. Incluso si no os dedicáis al cine.
-Roque.



