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Peligro, cine clásico

M, el Vampiro de Dusseldorf

En los últimos meses me he encontrado con varios actores, jóvenes todos ellos, que me han confesado, sin ningún tipo de reparo, que no les gusta el cine antiguo (sic), que les supone un esfuerzo y que en la mayoría de los casos les aburre, como si fuese algo pasado de moda, imposible de competir con el cine actual.

No alcanzo a comprender cómo un actor, o alguien que pretende serlo, es capaz de lanzar semejante exabrupto. Y me he animado a escribir sobre esto, a llamar la atención sobre la escasa cultura cinematográfica que existe entre muchos, mal llamados, profesionales del medio, técnicos o artísticos, porque no se puede llegar a ser profesional del todo sin determinados conocimientos sobre el pasado de la profesión que se ocupa.

No se puede ser tan pretencioso al creer que se puede sobresalir en algo o demostrar algún rasgo de originalidad, a estas alturas, sin conocer previamente lo que otros han hecho con anterioridad. No se puede dar la espalda de un plumazo a todo el legado cinematográfico que nos ha traído hasta aquí, aunque sólo sea por ver cómo y en qué contexto lo hicieron, y si lo hicieron bien o no. El cine no tiene fecha de caducidad. Un crimen, un amor o un desamor pesan ahora tanto como antes. Las sociedades cambian, pero los corazones se siguen haciendo añicos del mismo modo. No se puede ser un buen pintor y decir que te aburren los museos. ¿Se puede escribir una novela sin conocer lo que los grandes han escrito antes? Imagino que sí, pero se está condenado a escribir a tientas, sin rumbo, sin control alguno.

Decía Menéndez Pelayo que el pueblo que no conoce su Historia está condenado a repetirla. Un actor que no conoce lo que otros han hecho antes, probablemente, profesionales mucho más talentosos que él o ella, podrá probar suerte y puede que tenga algún momento de brillantez o de ingenio, pero éste será aislado y acabará por descubrirse en su ignorancia.

A esos que me confiesan que no les gusta el cine antiguo, me gustaría convencerles de todo lo contrario, les recomendaría alguna breve Historia del Cine, no demasiado larga ni engorrosa, para no abrumarles con datos, y les animaría a que empezasen a ver las películas que en ella se mencionen, que las vean teniendo claro cuándo, dónde y por qué. Y pronto se darán cuenta de que cuando escuchen silbar en M, el Vampiro de Dusseldorf estarán frente al mismo efecto que creaba la conocidísima banda sonora de Tiburón. Pero con una diferencia: M, el Vampiro de Dusseldorf se rodó en 1931. Y se enriquecerán y eso, unido a su talento, si lo hubiere, les convertirá en grandes actores, no me cabe la menor duda.

Por favor, no dejéis de ver cine clásico.

-Roque.

El olor a madreselva

Recomendar películas de Billy Wilder es como recomendar llevar una vida sana, tomar fruta y hacer algo de ejercicio. No hace falta decirlo, simplemente hay que hacerlo. No se pueden no ver, son lecciones magistrales para jóvenes directores, actores incipientes, y técnicos del cine de todas sus ramas. Pero lo mejor de todo, es que son películas para el gran público, endiabladamente entretenidas, emocionantes, arrebatadoras historias que te zarandean llevándote de la comedia incontrolable a la más terrible tragedia, a veces con tan sólo unos minutos de separación.

Hoy domingo, esperando a que el sol no apretara tanto y, así, poder trabajar en el jardín, porque trabajo tiene, y bastante, he repasado algunos títulos de él: El crepúsculo de los dioses, Perdición y Testigo de cargo. Tres películas, tres mujeres: Gloria Swanson, Barbara Stanwyck y Marlene Dietrich. Y tres personajes: Norma Desmond, Phyllis Dietrichson y Cristina Vole. No podía haber sido un domingo más delicioso, como hacía tiempo no pasaba uno.

Perdición

Cuando esta noche he salido al jardín y he olido a la hierba húmeda he recordado las palabras de Fred MacMurray en Perdición:

Era una tarde calurosa y aún recuerdo el olor a madreselva en toda la calle. ¿Cómo no supe que a veces el asesinato huele a madreselva?

Os propongo algo, algo para las calurosas noches del verano, esas en las que las ventanas de las casas están abiertas de par en par, esperando robar una leve brisa a la madrugada. Una sugerencia para esas noches interminables: una película de Billy Wilder. Son buenas para el espíritu.

-Roque.

PD: por cierto, Billy Wilder rodó su última película en 1981, Aquí, un amigo. No pudo rodar más porque las aseguradoras de Hollywood temían que, por su avanzada edad tuviera que verse obligado a abandonar el rodaje o falleciese súbitamente. Murió 21 años después. Siempre recuerdo esta anécdota, terrible, dicho sea de paso.

1979: ‘Bienvenido Mr. Chance’

Sí, ya sé, más de uno pondrá el grito en el cielo cuando diga que mi película de 1979 no es ni Apocalypse Now, ni Alien, ni La vida de Brian. Seré criticado por no haber elegido Manhattan o Mad Max. Ni siquiera la emblemática Kramer contra Kramer o la mítica Fuga de Alcatraz.  Eso sin mencionar la polémica Calígula, 1941 o Terror en Amityville.

Buen cine el de 1979, ¿verdad? Pero, amiga, amigo, ninguna de esas películas ocupa un puesto en mi corazoncito de celuloide como el que ocupa Bienvenido Mr. Chance.

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La descubrí no hace tanto, ¿diez años?, puede. Sin embargo, yo apenas contaba con tres cuando la estrenaban en los Estados Unidos. Poco popular, sin duda, pero una de las películas más entrañables, mejor escritas y más divertidas que recuerdo. Y sin duda uno de los papeles más memorables del genial Peter Sellers, si no el mejor, para mí claro.

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Pero, ¿qué tiene esta desconocida película que consiguió cautivarme tan súbitamente?

  • Pues bien, en primer lugar, el personaje principal interpretado por Peter Sellers, Chance, un jardinero con una sutil deficiencia mental que es captada por su entorno como una prueba de su genialidad y astucia política y económica.
  • El personaje está desarrollado de manera magistral a lo largo de todo el guión, descubriendo nuevos matices a cada minuto desde el mismo comienzo hasta el plano final, planteando retos que ponen en vilo al espectador ante la duda de si podrán ser resueltos o no. Sin embargo, la historia derrocha tanto ingenio que no deja de sorprendernos ni un sólo instante.
  • Siempre es un placer ver a Shirley MacLaine, y si es en una comedia, mejor. Shirley está brillante, guapa e inolvidable. Sobre todo en la tórrida secuencia del dormitorio. Si la habéis visto, sabréis de qué estoy hablando, si no, tenéis que verla.
  • Lo sutil de su humor, su ritmo elegante, su fotografía oscura y fría.
  • Su música, directamente inspirada en el Gnossienne número 5 de Satie, pieza para piano especialmente bella. Sin embargo, su banda sonora no fue nunca editada o publicada. La Warner nos la debe.

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Peter Sellers falleció un año después de estrenarse la película. En su tumba reza un epitafio: La vida no es más que un estado de la mente, el mismo que aparece al final de esta película. Un bonito epílogo para uno de los grandes genios del cine.

¿Cuál es tu película de 1979? ¿Has visto Bienvenido Mr. Chance?

Roque.

70 años de pesadillas

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Hoy me gustaría hablaros de una de esas miles de pequeñas historias sin importancia que habitan dentro del mundo del cine, una de esas que, tal vez, no se entienden bien por aquellos que no son unos chiflados del séptimo arte, como lo es un servidor. Hoy me gustaría hablaros de un sonido, no de uno cualquiera, sino de uno que fue registrado en 1931 para ser utilizado en la mítica película de Frankenstein, el clásico de la Universal dirigido por James Whale, con Boris Karloff en el papel de monstruo. Se trata de un trueno, un espectacular trueno que sonaba así:

Los americanos lo llaman, de forma cariñosa, el Castle Thunder, el Trueno del castillo, precisamente porque suele ir acompañando a imágenes de castillos o de casas encantadas, en noches oscuras y tormentosas. Este es, sin duda, el más clásico de todos los truenos que ha sonado en una película, un viejo amigo que se ha estado utilizando durante más de setenta años y aún hoy día se sigue haciendo. Y no solamente ha amenizado las peores pesadillas del celuloide, sino también momentos gloriosos como los 1,21 gigovatios que mandaron de Regreso al futuro a Marty McFly a bordo de un DeLorean, gobernado por un condesador de fluzo, dicho sea de paso.

Lo podéis oír en Ciudadano Kane, Cleopatra, Hindenburg, Los cazafantasmas, Un cadáver a los postres, En los límites de la realidad, El juego de la sospecha, Golpe en la pequeña China, Entre pillos anda el juego, Una pandilla alucinante, La muerte os sienta tan bien, El jovencito Frankenstein, o en los clásicos de Disney Bambi, La Bella Durmiente o Basil, el ratón superdetective y en muchas otras películas.

También se ha utilizado como elemento para la creación de otros sonidos, como los de la nave Enterprise de Star Trek o los cañones láser de la Estrella de la muerte en La guerra de las galaxias.

Como es natural, hoy día existen grabaciones con más calidad y fidelidad que la del viejo y entrañable Trueno del castillo; por un momento, imaginad las herramientas de grabación de hace 78 años. Dudo mucho que se pueda seguir empleando, con la demanda de calidad que los nuevos soportes audiovisuales exigen. Sin embargo, pocos truenos pueden presumir de ser tan veteranos y populares como éste. Casi con toda seguridad, el Trueno del castillo ha adquirido un status que difícilmente otra grabación del mismo género pueda adquirir nunca.

Roque.

PD: ¿Por qué siempre faltan diez años para que conduzcamos coches de hidrógeno?

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