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Los monstruos de la Universal (IV): la máquina en movimiento

La rentabilidad demostrada por el género de terror no podía perderse y el estudio se convertirá en los años sucesivos en su referente. Una vez hecho propio el género, éste se codificará en una serie de elementos invariablemente presentes en todas las producciones: Universal había establecido su propio cliché, que a grandes rasgos, puede resumirse en: el monstruo, con su lado humano y su talón de Aquiles; la chica, víctima siempre; el científico cuerdo y desconfiado; la ausencia del héroe, porque el verdadero protagonista es el monstruo; el desarrollo de la historia fuera de los Estados Unidos, convirtiéndose Europa en un verdadero paraíso del terror, cuando no se ubica en lugares remotos y exóticos; y el happy ending, aunque éste suponga la muerte del monstruo, a veces más humano que las propias personas.

Granero de Frankenstein en llamas

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El guionista en su limbo

El guión

En la década de los noventa el desarrollo de guiones en Hollywood había alcanzado los quinientos millones de dólares anuales, tres cuartas partes de los cuales se pagaban a guionistas en concepto de opciones y nuevas versiones de películas que nunca se harían. A pesar de esa cantidad y de los grandes esfuerzos realizados, Hollywood no consigue encontrar un material mejor que el que produce. La verdad, aunque cueste creerla, es que lo que vemos cada año en la pantalla es un reflejo razonable de los mejores guiones escritos en los últimos años.

Sin embargo, hay muchos guionistas cinematográficos que no consiguen enfrentarse a este hecho y viven en el limbo de la ilusión, convencidos de que Hollywood está ciego ante su talento. Con pocas excepciones, el genio nunca descubierto es un mito. Los guiones de primera fila siempre tienen alguna posibilidad, raro es que no lleguen a realizarse. Los escritores capaces de narrar una historia de calidad tienen un amplio mercado, siempre lo han tenido y siempre lo tendrán. Hollywood cuenta con un mercado internacional seguro para cientos de películas al año, y esas películas se harán. La mayoría se estrenará, durará unas pocas semanas, se retirará de la cartelera, y con un poco de suerte se olvidará.

McKEE, Robert. El guión. Lockhart, Jessica (trad.).
Barcelona: Ed. Alba, 2002. 550 págs. ISBN: 84-8428-168-X

1980: ‘El hombre elefante’

Arranca la década. Un servidor tenía cuatro años. Un año difícil 1980. Difícil porque, aunque no es un año de buen cine en cantidad, sí tiene tres títulos muy contundentes: El imperio contraataca, El resplandor y Toro salvaje. ¿Alguien da más? ¿Os imagináis dirigir la mirada a la marquesina de vuestro cine más cercano y encontraros los carteles de esas tres películas compitiendo por atraer vuestra atención? No puedo imaginar semejante dilema. No obstante, 1980 fue el año de otros títulos inolvidables como The Blues Brothers, Aterriza como puedas, Viernes 13, Holocausto Caníbal, El lago azul o Al final de la escalera, uno de mis títulos favoritos del cine de terror.

Mi corazón está dividido. La mitad de él, como muchos de vosotros sabréis, pertenece a El imperio contraataca, y la otra mitad a El hombre elefante de David Lynch. Ante semejante disyuntiva, y tras una larga deliberación, he optado por hablar de la segunda, película mucho menos conocida, eternamente olvidada y mal entendida, muchas veces.

El hombre elefante

David Lynch tiene películas y películas. Y ésta es de las primeras. Yo me entiendo. Maravillosa fotografía en blanco y negro, inolvidable banda sonora de John Morris, exquisita ambientación, en definitiva, una película inolvidable en todos los sentidos, que me deparó tres sorpresas en mi infancia:

  • John Hurt, tan bien escondido tras ese disfraz que no supe reconocer al Kane de Alien o al Max de El expreso de medianoche. Hurt da vida a John Merrick, el hombre elefante, personaje tan interesante y jugoso desde el punto de vista dramático que le consagra como actor valiente donde los haya.
  • Anthony Hopkins. Le vimos, nos gustó, y no volvimos a verle hasta once años después en El silencio de los corderos. ¿Qué hizo Anthony Hopkins entre aquellos años? Mucha televisión. Mucha gente duda si Sir Anthony Hopkins ha sido joven alguna vez. Sí lo fue. Si lo quieres ver, El hombre elefante es buen ejemplo.
  • Anne Bancroft. ¡Cuánto me gusta esta actriz y qué poco la he podido disfrutar! Mucho teatro y poco cine. Apenas cuento con los dedos de una mano las películas que he visto de ella: El graduado, Agnes de Dios, Grandes esperanzas, y una muy desconocida Trilogía de Nueva York, que me muero por volver a ver.

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El hombre elefante narra la verdadera historia de Joseph Merrick, ciudadano británico del siglo XIX, que fue conocido por ese nombre debido a las notables deformaciones físicas que atenazaban todo su cuerpo. Pasó la mayor parte de su vida explotado como una atracción de feria, y sólo cuando llamó la atención de la ciencia, en los últimos años de su vida, pudo ser conocido por su carácter dulce y educado, así como por una inteligencia superior a la media. Aunque todavía no se sabe con absoluta certeza, se cree que pudo haber padecido una grave variación del síndrome de Proteus.

Anne Bancroft en El hombre elefante

El hombre elefante es película para todos los públicos y para todos los tiempos; está deliciosamente narrada, de forma lineal, sencilla, delicada, con el ritmo que sólo el buen cine tiene. Nos sumerge en un Londres maravillosamente oscuro, sucio, cruel y despiadado, raramente retratado con tanta maestría y nos descubre a este personaje grotesco y frágil, horrendo pero sensible y virtuoso. John Merrick, porque en la película se llama John y no Joseph, es un rayo de luz en ese Londres tiznado de borrachos, prostitutas, ratas y superstición. Gracias al doctor Frederick Treves el mundo conocerá al hombre detrás de la máscara, al hombre detrás del monstruo.

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Siempre he sido un amante del cine de terror clásico, no es ningún secreto. Por eso me atrajo El hombre elefante. Lynch nos acerca a la criatura como a una atracción de feria, como lo harían Tod Browning en su Parada de los monstruos, o en Drácula, o James Whale en Frankenstein. Pero ésta no es película de terror, sino de realismo fantástico.

Nadie duda ya en colocar a El hombre elefante entre los clásicos del drama. Si no la has visto, tienes una asignatura pendiente. No te defraudará. Cinco estrellas.

Anne Bancroft y John Hurt en El hombre elefante

Cualquiera de estas noches es una buena noche para volver a ver El hombre elefante. Lo haré. Apagaré las luces, dejaré sonar el adagio para cuerdas opus 11 de Samuel Barber y la voz, torpe, de John Merrick volverá a recordar: “No soy un monstruo, soy un hombre”.

¿Cuál fue tu película de 1980?

-Roque.

Loco por Marta

Qué gran placer ser nombrado en mi revista de cine favorita, Fotogramas, y en boca de una actriz por la que me derrito y con la que pronto podré trabajar. Y es que Marta Nieto forma parte de “El regreso de Elías Urquijo”.

Marta Nieto en el Relevo 2009 de Fotogramas

Fotogramas ha seleccionado a Marta entre un selecto grupo de actores a los que ha denominado Relevo 2009. Mario Casas, Ana de Armas y Miriam Giovanelli están entre ellos. También están los interesantes Jan Cornet y Alfonso Bassave, y la deliciosa Nerea Camacho, revelación del año, sin duda.

Con Marta comparto, no sólo patria, sino el gusto por un tipo de cine y una forma de entender la industria que no todo el mundo comparte. Porque con Marta conecté desde el primer minuto, como pocas veces conectas con alguien. Me la presentó mi amigo Joaquín, que es grande también, y es creativo como pocos. Pronto le tendremos por Madrid, y se notará. Y con Marta llegó Pepe Ocio, lo que vino a cerrar el círculo.

–Pues mi película favorita de este año ha sido Camino.
–¿En serio? Pues yo conozco al que hace de cura joven.
–No jodas.

Y luego un par de juergas y el LBDG, pero eso es otra historia, que aquí no viene a cuento.

Marta Nieto brilla con luz propia y eso se nota cuando estás a su lado. No es sólo por su belleza contundente, felina, repleta de sugerencias, sino por el cariño, el humor y la pasión que le pone a todo lo que hace y a todo lo que dice. Me gusta Marta, cuento con ella. Y sí, lo confieso, le he escrito una historia. Casi a punto. Porque adoro su mirada punzante, su carácter impulsivo y alocado, pero siempre su sano juicio al fondo observando. Marta tiene un gran valor dramático en la pantalla y no lo vamos a dejar escapar.

¿De ella? El camino de los ingleses y Ocho citas. Pero sin duda, lo mejor de Marta es lo que está por venir.

-Roque.

PD: ¡Gracias, Israel Nava, por el recorte!

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