Etiqueta: Historia

Reflexión: ‘Up’

'Up' de Pixar

Cómo no. Otro clásico para la estantería. Si eres de los míos, de los de Ratatouille, entonces eres de Up.

Una historia deliciosa para recuperar la fe en el séptimo arte. Personajes bien perfilados y dramas personales 2.0 para la nueva generación. La mejor animación del momento, para todos los públicos, con buena dosis de carcajadas garantizadas.

Michael Giacchino podía haberlo dado todo, pero se contuvo, él sabrá. Ah, adoro a ese pájaro, espero que salga el peluche pronto. No obstante habrá que verla en 3D y darle una nueva oportunidad pasado el verano, a ver cómo le sienta la manta y el chocolate caliente.

Nos vemos en las cataratas Paraíso.

-Roque.

Actualización 22:00
Ya la he visto en 3D y con sobrinos. No lo he podido evitar. Temía que no fuese a funcionar con niños, pero sí lo hace, y muchísimo. Igual de fantástica. Y ya empiezo a perdonar algo a Giacchino.

Aquellos cines de verano

Caluroso verano. Mi primer recuerdo relacionado con el cine, y uno de los primeros que tengo de mi infancia, sucedió en un cine de verano. Era uno de esos cerca del mar, lleno de gente ruidosa, habitualmente familias enteras, tanto o más interesadas en cenar como en ver la película, sentados en aquellas sillas de hierro soldadas unas con otras, de diez en diez, tan criminalmente incómodas que había que llevarse un cojín de casa para poder soportarlas.

Al cine de verano se iba a cenar. ¡Y qué cenas! Eran cenas de tupperware, no faltaba detalle, aunque las mías no solían ser más que un bocata de atún y una fanta de naranja. Las prefería livianas, para que así quedase hueco para el postre: palomitas dulces. Y pipas, sin sal mejor.

Cine de verano

Las películas, normalmente un programa doble, se adentraban en la madrugada una hora y, a veces, incluso dos. Mis primeras madrugadas. Era una ocasión perfecta para ver las mejores historias del año anterior. Amadeus, Memorias de Africa, Tras el corazón verde y Regreso al futuro, vienen a mi memoria de repente. Aquellas películas las descubrí en un cine de verano, en uno de esos de nombre exótico.

Y es que aquellas películas al aire libre, en mitad de la noche, tenían una magia añadida. No sé si era aquel sonido que se perdía por las calles, o volver a sentir frío en los brazos durante las últimas noches del verano, o los murciélagos que bailaban alrededor del chorro de luz, o las estrellas fugaces que se colaban inesperadamente. No lo sé, pero no he vuelto a pisar uno desde que tenía catorce o quince años. No sé por qué.

Pero hoy, esta madrugada, después de haber visto Crash y antes de disponerme a ver Master and Commander, una vez más, la enésima, creo, han venido a mi memoria aquellos cines de verano, y pongo en mi lista de cosas a hacer volver a uno de ellos.

Todos hemos vivido esas noches. ¿Cuáles son vuestras películas de cine de verano?

-Roque.

Peligro, cine clásico

M, el Vampiro de Dusseldorf

En los últimos meses me he encontrado con varios actores, jóvenes todos ellos, que me han confesado, sin ningún tipo de reparo, que no les gusta el cine antiguo (sic), que les supone un esfuerzo y que en la mayoría de los casos les aburre, como si fuese algo pasado de moda, imposible de competir con el cine actual.

No alcanzo a comprender cómo un actor, o alguien que pretende serlo, es capaz de lanzar semejante exabrupto. Y me he animado a escribir sobre esto, a llamar la atención sobre la escasa cultura cinematográfica que existe entre muchos, mal llamados, profesionales del medio, técnicos o artísticos, porque no se puede llegar a ser profesional del todo sin determinados conocimientos sobre el pasado de la profesión que se ocupa.

No se puede ser tan pretencioso al creer que se puede sobresalir en algo o demostrar algún rasgo de originalidad, a estas alturas, sin conocer previamente lo que otros han hecho con anterioridad. No se puede dar la espalda de un plumazo a todo el legado cinematográfico que nos ha traído hasta aquí, aunque sólo sea por ver cómo y en qué contexto lo hicieron, y si lo hicieron bien o no. El cine no tiene fecha de caducidad. Un crimen, un amor o un desamor pesan ahora tanto como antes. Las sociedades cambian, pero los corazones se siguen haciendo añicos del mismo modo. No se puede ser un buen pintor y decir que te aburren los museos. ¿Se puede escribir una novela sin conocer lo que los grandes han escrito antes? Imagino que sí, pero se está condenado a escribir a tientas, sin rumbo, sin control alguno.

Decía Menéndez Pelayo que el pueblo que no conoce su Historia está condenado a repetirla. Un actor que no conoce lo que otros han hecho antes, probablemente, profesionales mucho más talentosos que él o ella, podrá probar suerte y puede que tenga algún momento de brillantez o de ingenio, pero éste será aislado y acabará por descubrirse en su ignorancia.

A esos que me confiesan que no les gusta el cine antiguo, me gustaría convencerles de todo lo contrario, les recomendaría alguna breve Historia del Cine, no demasiado larga ni engorrosa, para no abrumarles con datos, y les animaría a que empezasen a ver las películas que en ella se mencionen, que las vean teniendo claro cuándo, dónde y por qué. Y pronto se darán cuenta de que cuando escuchen silbar en M, el Vampiro de Dusseldorf estarán frente al mismo efecto que creaba la conocidísima banda sonora de Tiburón. Pero con una diferencia: M, el Vampiro de Dusseldorf se rodó en 1931. Y se enriquecerán y eso, unido a su talento, si lo hubiere, les convertirá en grandes actores, no me cabe la menor duda.

Por favor, no dejéis de ver cine clásico.

-Roque.

Reflexión: Un tipo inolvidable

Hace poco hablaba con mi buen amigo Alejandro Mollá, psicólogo y compañero desde los años del colegio, que los estudiantes de cine con inquietudes creadoras, los guionistas y los creadores de historias para la gran y pequeña pantalla no deberían, cuando visitan las tiendas de libros, empezar por la sección dedicada al Cine, sino por la de Psicología. Es lo que, al menos, hago yo cuando las visito, ya que lo encuentro tremendamente útil de cara a mi trabajo.

Ahí es donde están los personajes que luego gobernarán las tramas de las historias. En la sección de psicopatologías, por ejemplo, está el Melvin Udall de Mejor… imposible, o el doctor Hannibal Lecter de El silencio de los corderos. Pero además encontrarás un extenso recorrido por problemas conyugales, familiares y sociales, cómo surgen, por qué surgen y cómo se solucionan; una explicación para las fobias, las depresiones, y los distintos tipos de personalidad. Miedos, carencias, excesos, todo un catálogo enormemente útil a la hora de sentarte a escribir.

Anthony Hopkins en Hannibal Lecter en El silencio de los corderos

Muchas veces, una historia se desinfla por no tener unos buenos personajes, o porque éstos no están bien definidos. En ocasiones los creadores confiamos demasiado en la belleza de lo normal, cuando eso es de lo que está harto el espectador, que acude a la sala de cine huyendo, precisamente, de lo normal. Introduzcamos un elemento diferenciador, dotemos a nuestro personaje de un perfil diferente, una personalidad distorsionada, unas relaciones marcadas por un trauma; regalémosle un tic, una manía, unos miedos. Esa será la diferencia de que, cuando acabe la película, sea o no recordado.

Por tanto, insisto, sección Psicología, no lo olvidéis, y si no lo habéis hecho aún, os invito a que lo hagáis. Estoy convencido de que os será de mucha utilidad. Incluso si no os dedicáis al cine.

-Roque.

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