Recomendar películas de Billy Wilder es como recomendar llevar una vida sana, tomar fruta y hacer algo de ejercicio. No hace falta decirlo, simplemente hay que hacerlo. No se pueden no ver, son lecciones magistrales para jóvenes directores, actores incipientes, y técnicos del cine de todas sus ramas. Pero lo mejor de todo, es que son películas para el gran público, endiabladamente entretenidas, emocionantes, arrebatadoras historias que te zarandean llevándote de la comedia incontrolable a la más terrible tragedia, a veces con tan sólo unos minutos de separación.
Hoy domingo, esperando a que el sol no apretara tanto y, así, poder trabajar en el jardín, porque trabajo tiene, y bastante, he repasado algunos títulos de él: El crepúsculo de los dioses, Perdición y Testigo de cargo. Tres películas, tres mujeres: Gloria Swanson, Barbara Stanwyck y Marlene Dietrich. Y tres personajes: Norma Desmond, Phyllis Dietrichson y Cristina Vole. No podía haber sido un domingo más delicioso, como hacía tiempo no pasaba uno.
Cuando esta noche he salido al jardín y he olido a la hierba húmeda he recordado las palabras de Fred MacMurray en Perdición:
Era una tarde calurosa y aún recuerdo el olor a madreselva en toda la calle. ¿Cómo no supe que a veces el asesinato huele a madreselva?
Os propongo algo, algo para las calurosas noches del verano, esas en las que las ventanas de las casas están abiertas de par en par, esperando robar una leve brisa a la madrugada. Una sugerencia para esas noches interminables: una película de Billy Wilder. Son buenas para el espíritu.
-Roque.
PD: por cierto, Billy Wilder rodó su última película en 1981, Aquí, un amigo. No pudo rodar más porque las aseguradoras de Hollywood temían que, por su avanzada edad tuviera que verse obligado a abandonar el rodaje o falleciese súbitamente. Murió 21 años después. Siempre recuerdo esta anécdota, terrible, dicho sea de paso.
Hace unos días mi amigo Alex Lamb me envió su último trabajo, un vídeo musical del tema Every Song interpretado por Argyle Smile. La pieza está dirigida por él y fotografiada por Max Well.
Alex es, sin duda, una de las personas que con más cariño recuerdo de mis días en Los Angeles, y sin duda la primera persona a la que veré cuando, pronto, regrese allí. Compartíamos clase y profesores, y una devota pasión por lo que hasta allí nos había llevado. Alex es un talento inquieto que, precisamente ahora, que ha terminado en la Chapman Universtiy sus estudios de Producción de cine, nos va a deparar más sorpresas que nunca. Ya nos dio una hace un par de años cuando fue premiado por la ACE, la principal asociación de montadores norteamericanos, como mejor estudiante, y seguro que no será la última.
Cuando quiero recordar cómo es Alex sólo tengo que volver a ver esta foto que tomé de él durante uno de nuestros rodajes, en el decorado de Regreso al futuro, en los estudios Universal de Hollywood. Porque todo lo que representa y simboliza ese decorado es lo que Alex tiene en su cabeza, a lo que aspira y sueña. Tan convencido estoy de ello que no creo que sea una casualidad que el póster que se ve al comienzo del vídeo musical sea precisamente el de Regreso al futuro.
Ojalá pronto podamos volver a trabajar juntos. Él y los demás. Alex, Ben Riseman, y mis muy queridas hermanas Claire y Libby Csulik, son lo que más añoro de aquellos días en la New York Film Academy.
Roque.
PD: Os dejo con Every Song, un vídeo de Alex Lamb.
Hablando hace unos días con mi amigo Curro surgió en nuestra conversación lo fantástica que era la serie La familia Monster. Hace casi un año me hice con ella, con la primera temporada, respondiendo a un impulso innato de adquirir todo aquello que tenga que ver con los monstruos clásicos, o sea, Drácula, Frankenstein y el hombre lobo, y fue un acierto absoluto, tanto que me la vi de un tirón. Se trata de una de esas series a las que el tiempo ha bañado con la magia de la nostalgia. Verla es viajar a los años de la infancia, de la mía, a los años 80, donde la serie era puesta, o repuesta, no lo sé, por la única televisión que llegaba a nuestros hogares.
Será el doblaje mejicano. O su humor blanco, inocente, simplón. Serán las risas enlatadas que saltaban a la más mínima mueca de Herman Munster, genialmente intrepretado por Fred Gwynne. Será la mansión imposible. O el laboratorio del abuelo, Al Lewis. O la presentación de personajes en cada comienzo de capítulo de la primera temporada, guiada y orquestada por una increíble Yvonne de Carlo. O su música genial, tan de los años 60…
Los Monsters llega a las televisiones norteamericanas apenas unos días después de que lo hiciera otra célebre, e inevitablemente comparada, serie: La familia Addams. Una dura batalla televisiva entre la CBS (Munters) contra la ABC (Addams). Y aunque parezca curioso, ninguna de las dos permaneció más de dos temporadas en pantalla. Sin embargo su legado ha trascendido mucho más allá en el tiempo, aunque parece que, a la larga, ha sido La familia Addams la que haya podido salir victoriosa, por aquello de las películas que más tarde se hicieron y un remake que hubo de la serie.
La familia Monster supone el fin de una era dentro de los estudios Universal. A veces se nos olvida que fueron esos estudios los que crearon a los monstruos clásicos tal y como los entendemos: a Drácula, un mago con su capa y chistera; Frankenstein, con plataformas, cabeza cuadrada y los tornillos en el cuello… Ellos los crearon, levantaron un imperio gracias a las películas que protagonizaban los monstruos, más de sesenta en esta etapa, con títulos tan geniales como Drácula o La Momia, o tan delirantes como Frankenstein contra el Hombre Lobo o La zíngara y los monstruos; y ellos también acabaron con esos mitos, los estereotiparon, los ridiculizaron y, sin quererlo, los volvieron a elevar a la categoría de inolvidables.
De los Munsters se pueden contar decenas de anécdotas y curiosidades. Una de mis favoritas es que la casa donde se rodaba la serie todavía sigue en pie en los estudios Universal de Los Angeles; es más, se encuentra en la misma calle del estudio donde actualmente se rueda la popular serie Mujeres Desesperadas, para más señas entre las casas de Susan y Gabrielle, ligeramente maquillada, como es obvio.
También ha llamado mi atención una página web creada y gestionada por Butch Patrick, el hijo de Herman y Lily Munster, Eddie, el pequeño niño lobo y uno de los pocos actores supervivientes de la serie, en el que ofrece sus servicios, junto a los de otras ex-celebridades locales del cine de terror, como Lisa Loring, Miércoles Addams para entendernos, Pat Priest, en su día Marilyn Munster, o incluso, atentos, Linda Blair, la niña de El Exorcista, para animar, amenizar y dar color a fiestas de Halloween, cumpleaños, reuniones de empresa…
Sí, así es Hollywood. Para bien o para mal.
Los que me conocen saben que no puedo conciliar el sueño si no es con el runrún de una película de fondo, y desde hace unos días son los Munsters los que me ayudan a hacerlo. No sé que tiene el cartón piedra, las telas de araña o el crujir de la madera, no sé qué activan en mi subconsciente, pero me invitan a acurrucarme bajo las sábanas, imaginar que llueve y hace frío en el exterior y que no estaré en mejor sitio que ahí mismo.
Crisis. Esa es la palabra de moda, todo el mundo habla de ella. Sabíamos que existía, pero hacía tiempo que no la usábamos, como un abrigo olvidado en el armario que comprobamos que nos sigue valiendo años después. Se percibe a todas horas: en el periódico, en la barra del bar, en el programa de tarde de la radio, en el edificio a medio construir que lleva meses abandonado y en el anuncio de Freixenet.
Nada se escapa a ella, todos hemos quedado atrapados como si se tratara de un enorme agujero negro que nos absorbe irremediablemente. Al menos eso es lo que nos han hecho creer, pero no es cierto. En nuestro terreno, en el cine, no corren buenos tiempos para aquellas películas que necesitan millones para completar su financiación, por eso muchos ponen los ojos en el cine independiente: distribuidores y profesionales saben que sólo las películas de presupuestos moderados o pequeños acabarán saliendo adelante.
Mientras que a la gente le siga gustando ver películas, seguirán pagando por ver las que les interesen, siempre ha sido así: seguirán yendo a los cines o comprando los DVDs.
Es sabido que en tiempos de crisis el consumo de TV y cine se dispara: la gente gasta más en entretenimiento y ocio, precisamente para liberarse de la carga, como una droga que aliviara el dolor. Pero la crisis que nos acecha es financiera, lo que afecta de lleno a las producciones grandes, y utilizo el término “grandes” de un modo relativo: no me refiero sólo a las superproducciones de Hollywood, me refiero también a producciones mucho más modestas comparativamente, pero que en otros países, como España, poseen grandes presupuestos. Esta situación deja en una clara ventaja a los productores independientes.
A mi juicio, lo que realmente tiene que tener claro el productor independiente es:
Reducir los costes de la producción. Rodar hoy día no tiene por qué ser algo caro. Las calidades que ofrece el vídeo standard (SD) y la bajada de precios en formatos HD y HDV ponen al alcance de cualquiera la posibilidad de rodar con una calidad más que decente. Aunque el 35mm ha tirado los precios, ante su inminente desaparición, sigue siendo una decisión fuera del alcance del productor independiente. Hablando con un reputado director de fotografía acerca de si rodar mi película en 35mm o usar la nueva Red One, la popular cámara de cine digital, me dijo: “¿Para qué rodar con la Red One? ¿Para que se haga una paja el director de fotografía?”. Al margen de la vulgaridad, tenía toda la razón: quien va a percibir la diferencia de si la película ha sido rodada con una cámara u otra no es precisamente el público, que es quien nos interesa.
Ofrecer un buen producto a buen precio. Manteniendo unos presupuestos moderados, no nos será difícil cautivar a los posibles inversores. Cuanto menos haya que gastar, antes se perciben los beneficios.
Internet. Mientras Internet sea gratuito, los independientes tienen en sus manos una de las herramientas publicitarias más poderosas inventadas hasta la fecha. Está repleto de redes, club de fans, blogs… decenas de útiles mecanismos para darse a conocer y hacer negocio. Nunca fue tan fácil llegar tan lejos y a tanta gente con tan poco esfuerzo.
¿Estás sacando adelante algún proyecto? ¿Cómo estás capeando la crisis?