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Reflexión: ‘Furia de Titanes’

Es de esas que había que ver, aunque sólo fuera por la nostalgia de la del 81. Y por otro motivo: mi buen amigo Abner Marín, artista del 3D, al que aprecio enormemente, y con el que contaré siempre que pueda, estaba en el equipo de animación de la película. Me esperé para ver tu nombre entre tanta letra, que lo sepas.

He ido a ver la versión 2D, ya que fue él mismo, Abner, el que me advirtió que no la viese en 3D. Me lo dijo hace un par de días, cuando le felicitaba por su cumpleaños, y razón no le faltaba: esta película no fue concebida para la tridimensionalidad, que es postiza, y a la postre, deficiente.

Furia de Titanes hace aguas, y no es por culpa ni del 3D ni de la animación, sino de un guión mucho menos épico que el de referencia, involuntariamente cómico en ocasiones, y de unos actores que han pasado por caja, pero que no dejan huella. Hubiese sido mejor gastar todo ese dinero en darle tres dimensiones a la antigua, aunque sólo fuese por ver a Ursula Andress salirse de la pantalla.

Sam Worthington hace de cabreado: ceño fruncido, mirada clavada en el suelo, mascullando venganza, y se ríe una vez, lo que sorprende mucho, pero se cabrea enseguida, y es como si nada hubiese sucedido. Liam Neeson, en el papel de Zeus, va adquiriendo un extraordinario parecido a Charlton Heston en Los diez mandamientos conforme avanza la película, y Ralph Fiennes, en el papel de hermano Hades, simplemente da risa, por culpa de un maquillaje horrible, y siento ser tan duro, porque a Ralph le guardo un respeto desde El paciente inglés.

Lo mejor de la película, sin duda, ha sido ver a Abner en las letras del final y recordar que desde que hice mi primer documental, Piedra sobre piedra, trabajé con ese chaval, que ahora vive en Londres y trabaja en las producciones más importantes del planeta. Cómo le conocí, por uno de esos caprichos del destino, gracias a Pablo Olivares, Oli, una vez más, merece una entrada aparte.

No obstante, y pese a las advertencias, si aún así decides ir a verla, por favor, no lo olvides: que sea en glorioso 2D.

-Roque.

Reflexión: Sweeney Todd – El barbero diabólico de la calle Fleet

Las buenas películas son aquellas que mejoran cada vez que las vuelves a ver. Y Sweeney Todd lo es.

Johnny Depp y Helena Bonham Carter en Sweeney Todd

Gana en cada visionado. Será porque se trata de Tim Burton en estado puro, o por un sublime Johnny Depp, o una inmejorable Bonham-Carter, o un genial Alan Rickman, al que no imaginaba cantando, o puede que sea por un inesperado Sacha Baron Cohen, o tal vez por el descubrimiento: Jamie Campbell Bower. O puede que por todos a la vez.

Jamie Campbell en Sweeney Todd

Dicen, los que aseguran saber de cine, que esta película no es más que un refrito de lo mejor de sus películas anteriores. Puede que tengan razón, pero lo mismo les pasa a Woody Allen, Martin Scorsese o Steven Spielberg con las suyas y nadie dice nada. Por supuesto que Tim Burton, como todos, tuvo, y tendrá, sus tropiezos, pero Sweeney Todd no consta, ni constará, entre ellos.

Sin duda vale la pena dejarse llevar por esta historia de crímenes y sangre a un Londres oscuro y teñido de hollín, aunque sólo sea por disfrutar de los títulos de crédito, que aconsejo volver a ver, una vez se ha terminado la película, ya que cobran una nueva vida. No os lo perdáis.

Y como se trata de una película musical, aprovecho para recomendaros el interesantísimo repaso que por el género realiza Alberto Lacasa en su blog. Una clase magistral desde los orígenes del cine musical hasta nuestros días. Imprescindible y para todos los públicos.

-Roque.

Los monstruos de la Universal (V): cómo construir una historia en 7 pasos

La codificación del género de terror desarrolla una serie de elementos narrativos, estructurales y estéticos comunes en las producciones de la Universal durante todos estos años. La propia productora no renunció nunca a esta homogeneización, sino que hizo de su cliché un instrumento de marketing poderoso para ayudar incluso a aquellas producciones menos favorecidas, siendo cada nuevo monstruo un valor que se suma al conjunto de personajes ya creados previamente y que avalan la nueva producción.
Por tanto, mantener unos elementos comunes no ha de ser visto como una carencia de creatividad por parte del estudio, sino como una intencionalidad de crear una serie de elementos distintivos, diferenciadores  y característicos, previamente estudiados y ensayados, frente a otros géneros o estudios. Si se prefiere, podríamos denominarlos coloquialmente como la marca de la casa.

sonof

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Los monstruos de la Universal (III): Frankenstein

El siguiente proyecto comenzó por encontrar otro texto de terror clásico: Frankenstein de Mary Shelley. Nuevamente, Laemmle Jr. ponía sus ojos en la adaptación teatral de la novela, avalado por el éxito cosechado en Nueva York y Londres. Siguiendo el mismo patrón en la producción y a pesar de ser del mismo año, el producto final fue radicalmente distinto a Drácula: un guión más dinámico, unos diálogos más fluidos, un director de procedencia teatral (frente a Browning, quien venía de hacer cine mudo) mejor adaptado a las nuevas demandas del cine sonoro y en definitiva, un film de mejor factura.

Boris Karloff en Frankenstein

James Whale, director que ya había cosechado un éxito para la Universal con El puente de Waterloo, aceptó el proyecto interesado por la magnitud del mismo y por no querer ser encasillado como realizador de películas bélicas. Su experiencia vivida en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, le convertían en el director idóneo para una película que, como Van Sloan describe en la advertencia previa al film, trata de «los dos grandes misterios de la creación: la vida y la muerte».

La muerte

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