Como dijimos el otro día, en el estudio tenían muy clara la importancia de las estrellas como parte de la economía de Hollywood. La muerte de Chaney abre una gran incógnita en la producción de Drácula. Será Bela Lugosi, el actor que ya ha interpretado al vampiro en la versión teatral de Broadway, el que finalmente se hace con el codiciado papel.
Tod Browning, el director, tenía ya en 1931 una dilatada carrera a sus espaldas, con más de cincuenta películas. También colaboró en el guión de Intolerancia, película en la que ejerció como ayudante de D. W. Griffith. Entre 1925 y 1927 dirigió tres filmes con Chaney, donde se aprecia su interés por las deformaciones físicas, hecho que le convertía en la persona adecuada según Laemmle Jr. para hacer esta película. Participó, junto con otros, en la elaboración del guión, cuya versión final quedaría más cercana a la obra teatral de Broadway que a la novela de Stoker.
La Universal (o la gran “U”, como se hacían llamar), a pesar de ser el primer estudio en constituirse, fue siempre considerado como uno de los estudios menores ya que se dedicó casi exclusivamente a la (mal) llamada “serie B”. Su fundador fue Carl Laemmle, inmigrante alemán asentado en Estados Unidos desde la adolescencia, fundó en 1909 la IMP (la Independent Movie Company Pictures) como respuesta a las tendencias monopolísticas de Edison. Más tarde, en 1912, uniéndose a otros independientes formará Universal Pictures, la primera gran productora asentada en Hollywood.
Producto de esa rivalidad con la MPPC de Edison es la probada energía que demostró la IMP en sus iniciativas e innovaciones. La más importante de ellas (engranaje insustituible del sistema de estudios) fue sin duda la de adoptar el star system, que tradicionalmente se había relacionado con el teatro y el vodevil. El equipo de Edison no identificaba a sus actores en la pantalla; los fans llegaban a escribir cartas dirigidas simplemente a “la chica de la Biograph” por desconocimiento de su nombre. El astuto Laemmle contrató en 1909 a Florence Lawrence, la chica de la Biograph, por mil dólares semanales y la dio a conocer como tal. Un año después lo hizo con Mary Pickford (doblando su salario). Su descubrimiento: las estrellas vendían películas como nada lo podía hacer.
Otra herramienta de los jóvenes estudios que se asentaban en Hollywood, fue la especialización por géneros. El género-etiqueta sirve para personalizar los gustos cinematográficos del público y así facilitar la penetración comercial. De este modo, los profesionales de la industria y las políticas de los estudios se identifican y especializan con uno o varios géneros: Lang y el cine de testimonio social; Capra y su optimismo crítico a través de la comedia; los musicales de la RKO con Fred Astaire y Ginger Rogers; la Warner y sus películas de gángsteres con Humphrey Bogart a la cabeza; el cine de aventuras con la serie de Tarzan de la MGM, o las belicistas de Howard Hawks; el género amoroso, encabezado por mujeres como Joan Crawford, Jean Harlow, Katherine Hepburn, Greta Garbo…
La Universal no fue el único estudio que trabajó el género de terror, pero sí el único que supo rentabilizarlo y convertirlo en un sello propio.
Los estudios, herederos de la tradición cinematográfica creada por Edwin Porter, D. W. Griffith, John Ford, acaban por adquirir unos cauces consagrados a la eficacia narrativa, donde la acción surge principalmente de los personajes, cuya motivación es fácilmente identificable, desarrollando una cadena de causas y efectos que provocan el avance de la narración, hacia un final perfectamente clausurado donde se resuelve el destino de cada personaje, siempre desde la mayor objetividad posible. Esta forma narrativa impidió que en Hollywood se experimentaran otras tendencias, nuevos aires, aunque este sistema, menos atrevido, no mermó el desarrollo de grandes personalidades.
En su primera etapa, Carl Laemmle se hizo con el joven Irvin Thalberg, hijo de inmigrantes alemanes, que había demostrado talento suficiente como para colocarse, con tan sólo 21 años, al frente del estudio y organizar la producción. Su estancia, antes de marcharse para colocarse al frente de la MGM, se tradujo en la mayor envergadura de los proyectos: citar a John Ford o a Eric von Stroheim son claros ejemplos de ello. Pero fue una película, El jorobado de Nuestra Señora de París, el insospechado éxito que marcaría el rumbo del estudio en los años venideros, sin duda, motivado por el descubrimiento del actor Lon Chaney, el hombre de las mil caras.
Pero el gran éxito tanto para Chaney como para el estudio sería El fantasma de la Ópera, consagrando a éste como “apóstol del terror”. Con Carl Laemmle Jr. al frente del estudio, y tras un periodo no especialmente brillante, decide regresar al género del terror con la que sería la primera película sonora del género, Drácula. Nadie dudaba de Lon Chaney como el nuevo Conde Drácula, pero un año antes del comienzo del rodaje el actor fallece de un cáncer de laringe a los cuarenta y siete años de edad, dejando abierta la puerta del estudio para otros candidatos y una gran preocupación en la mente de Laemmle Jr.
Siempre he querido celebrar Halloween, como en las películas, reminiscencias de ese E.T. paseándose con una sábana agujereada por aquel barrio residencial. Y como siempre he acabado por no hacerlo, de este año no va a pasar. Dándole vueltas a qué hacer, he recordado aquella estrecha colaboración entre mi amigo Beltrán Rengifo y yo mismo, que dio como resultado un interesante análisis del mundo de los monstruos de los estudios Universal, donde analizábamos el qué y el por qué de aquellas películas que realizó el estudio durante tanto años.
Así que os invito a un viaje por aquellos tiempos a lo largo de este mes de octubre. Será, casi siempre, al filo de la medianoche. En él reviviremos el maravilloso mundo de la Universal; un género, el de terror, que le convertiría en uno de los estudios de cine más importantes del mundo, y conoceremos las criaturas que aterrorizaron tus sueños y aún día lo siguen haciendo. ¿Te apuntas?
Hace unos días mi amigo Alex Lamb me envió su último trabajo, un vídeo musical del tema Every Song interpretado por Argyle Smile. La pieza está dirigida por él y fotografiada por Max Well.
Alex es, sin duda, una de las personas que con más cariño recuerdo de mis días en Los Angeles, y sin duda la primera persona a la que veré cuando, pronto, regrese allí. Compartíamos clase y profesores, y una devota pasión por lo que hasta allí nos había llevado. Alex es un talento inquieto que, precisamente ahora, que ha terminado en la Chapman Universtiy sus estudios de Producción de cine, nos va a deparar más sorpresas que nunca. Ya nos dio una hace un par de años cuando fue premiado por la ACE, la principal asociación de montadores norteamericanos, como mejor estudiante, y seguro que no será la última.
Cuando quiero recordar cómo es Alex sólo tengo que volver a ver esta foto que tomé de él durante uno de nuestros rodajes, en el decorado de Regreso al futuro, en los estudios Universal de Hollywood. Porque todo lo que representa y simboliza ese decorado es lo que Alex tiene en su cabeza, a lo que aspira y sueña. Tan convencido estoy de ello que no creo que sea una casualidad que el póster que se ve al comienzo del vídeo musical sea precisamente el de Regreso al futuro.
Ojalá pronto podamos volver a trabajar juntos. Él y los demás. Alex, Ben Riseman, y mis muy queridas hermanas Claire y Libby Csulik, son lo que más añoro de aquellos días en la New York Film Academy.
Roque.
PD: Os dejo con Every Song, un vídeo de Alex Lamb.